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El Divorcio

Por: Guillermo Ingram García

Publicado 04 marzo 2018 el 04 de Marzo de 2018

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Una mujer recién divorciada, pasó el primer día bien triste empacando sus cosas en baúles y maletas y su mobiliario en grandes cajas. El segundo día vinieron y recogieron sus pertenencias y muebles. El tercer día se sentó en el suelo en el comedor vacío, puso música suave, dos velas, dos kilos de camarones, un plato de caviar y una botella de vino blanco frío hasta más no poder. Cuando terminó de comer, desmontó todas las barras que hacían de cortineros de cada habitación, les quitó los tapones en los extremos y dentro los rellenó con la mitad de los camarones y un buen poco de caviar y les colocó de nuevo sus tapones en los extremos y los volvió a instalar.
El marido, que al divorciarse le había correspondido quedarse con la casa, la ajuaró con mobiliario, accesorios nuevos y ¡Novia nueva! Todo fue perfecto los primeros días. Pero, lentamente la casa comenzó a oler mal. Trataron de todo para eliminar el olor que se había vuelto insoportable: limpiaron, trapearon y airearon toda la casa. Los ventiladores fueron revisados por si hubiese ratones muertos dentro de ellos; las alfombras también fueron lavadas. En cada esquina se colgaron perfumadores de aire. Se gastaron cientos de botes de aerosol aromático. Hasta pagaron para cambiar todas las caras alfombras de la casa ¡¡¡Nada funcionó!!!
Nadie volvió a visitarlos, los trabajadores se negaban a trabajar en la casa y hasta la sirvienta renunció. Finalmente el marido y la novia, desesperados, tuvieron que mudarse. Pusieron la casa en venta y habiendo pasado un mes no encontraban todavía a quien venderle la hedionda casa. Inclusive, las agencias de bienes raíces se negaban a responder sus llamadas. Y tomaron la decisión de comprar una nueva casa, debiendo gastar mucho dinero en tal propósito. La ex esposa llamó al ex esposo para cuestiones del divorcio y le preguntó cómo estaba. Él le respondió que bien, informándole que estaba vendiendo la casa, pero, sin decirle las verdaderas razones. Ella lo escuchó con mucha calma y le dijo que ella extrañaba mucho la casa y que ella hablaría con los abogados para arreglar los papeles con tal de hacerse de la casa de nuevo.
Él, suponiendo que su ex esposa no tenía la menor idea del mal olor, aceptó la negociación por una décima parte del precio real del inmueble con tal de que ella firmara ese mismo día. Ella aceptó y en menos de una hora él le mandó toda la documentación para que la firmara. Una semana más tarde el hombre y su novia se pararon en la puerta de la vieja casa esbozando una leve sonrisa, en lo que veían cómo empacaban todos sus muebles y los metían en un camión, camino a la nueva casa…. Incluyendo los barras de los cortineros.
SIEMPRE SON BUENOS LOS CUENTOS CON UN FINAL FELIZ…
CUIDANDO LA SALUD
Yo le quito la grasa a mis taquitos al pastor aplastándolos con una servilleta… Y tú ¿Qué estás haciendo para cuidarte?

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