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Alerta sísmica agradable

Por: Guillermo Ingram
Alerta sísmica agradable

Publicado 01 marzo 2018 el 01 de Marzo de 2018

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De acuerdo con algunas notas periodísticas los señores de la Ciudad de México están solicitando que les cambien la alerta sísmica porque la que tienen ahora les ocasiona pánico. He estado leyendo algunas sugerencias al respecto, pero, ninguna habla del llamado condicionamiento; esa actitud de temor y hasta pánico que adoptan los seres humano ante algunas variables que se presentan antes, durante o después de algún acontecimiento calamitoso o muy dolorosos. Peor aún si se da en las circunstancias de que en breve, después de determinado sonido hay enormes probabilidades de perder seres queridos, patrimonio o la vida misma. Por lo tanto, así fue el “Ave María”, de Schubert (el más popular de todos), que es un agasajo al oído y al alma tal obra maestra musical, si la llegamos a asociar con alguna calamidad, terminará por ser tan odiosa como cualquier otra variable que nos recordara momentos ingratos o la inminente aproximación de alguno. Pues como les digo, queda grabada a fuego en nuestra mente la asociación de uno con otro.

EL EXPERIMENTO DE IVAN PAVLOV

Recuerdo en mis clases de bachillerato, cuando nos hablaron del experimento de Pavlov, según esto, éste científico mostró cómo los seres vivos podemos estar sometidos a condicionamientos y consecuentes cambios de conducta. Si mal no recuerdo, se trataba de un perro, que se encontraba sujeto por correas y Pavlov hacía sonar un timbre y a continuación le daba alimento al perro. Así lo tuvo por algún tiempo y posteriormente haciendo una incisión en el estómago del perro, demostró cómo el perro secretaba jugos gástricos cada vez que escuchaba el timbre, esto en virtud de que estaba a la espera de recibir alimentos, por lo que, fue tal el condicionamiento del can, que su cerebro, al percibir el sonido del timbre, emitía la orden de la secreción de jugos gástricos.

VALE PARA LOS SERES HUMANOS

Pues valga la comparación, pero tal ejemplo sirve para explicar también el condicionamiento al que están sujetos ahora los señores chilangos cada vez que escuchan la alerta sísmica. Que de hecho no es nada grato al oído, pero si a esto le agregan lo que significa su sonido, entonces se convierte en algo pavoroso para quienes tienen que asegurar su integridad física para no quedar expuestos a situaciones de tanto peligro y riesgo como lo es un terremoto ¡Y menos en las condiciones del suelo en donde está asentada la Ciudad de México, en donde el riesgo de derrumbe o daños permanentes a las construcciones es enorme.

TODO UN FLAGELO PARA INGLESES Y DEMÁS CIUDADES BAJO BOMBARDEOS

Algo similar les sucedió a los habitantes de muchas ciudades durante la II Guerra Mundial, cuando comenzaban a sonar las sirenas anunciando un inminente bombardeo, las personas apenas si tenían tiempo para salir corriendo a los refugios antiaéreos o ponerse a salvo en sitios donde las bombas no fuesen hacer daño. Nada más hay que buscar algunas relatorías de personas que en esa época vivieron en Londres, incluso los mismos habitantes de ciudades alemanas, como Berlín, que para finales de esta conflagración estuvieron sujetas diariamente a bombardeos. Habría que ver cómo quedaron estos asentamientos humanos, en donde no quedó títere con cabeza. Imagino los habitantes quedaron con unos traumas terribles, que cada vez escuchaban el sonido por avión acercándose a ellos, no podían evitar se les pusiera la piel de gallina, pero, sobre todo, de salir corriendo, precisamente porque tenían grabado a fuego en la mente, que dicho sonido estaba asociado con un próximo terror del que debían huir.

Muchas personas jamás llegaron a recuperarse de estos traumas y tuvieron que ser internados de manera permanente en hospitales psiquiátricos.

Los condicionamientos pueden llegar a ser, no sólo temibles ¡Sino terribles!

TIENEN ENORME VENTAJA CON LA ALERTA SÍSMICA

Por lo tanto, los siempre muy aguerridos y combatientes “chilaquiles”, no van a tener más remedio que echar mano a sus inagotables reservas de paciencia para poder convivir con estas alarmas sísmicas, que, viéndolo bien, les da una tremenda ventaja sobre los habitantes en donde es el epicentro del terremoto, a éstos no les da tiempo ni de montar en su caballo ¡Se comen completito todo el temblor!, y no hay alerta sísmica que les pueda funcionar, como sucede con los chilangos, pues alejados del epicentro, ese lapso entre el momento que sucede y la llegada de las ondas sísmicas a la Ciudad de México, les brinda una enorme ventaja.

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