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Muere niño decapitado en un tobogán de agua

Autoridades determinaron que el parque de diversiones sabía del peligro.

Publicado 25 marzo 2018 el 25 de Marzo de 2018

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En 2016, el niño Caleb Schwab murió decapitado en un accidente ocurrido en el tobogán acuático Verruckt, promocionado como el más alto del mundo por el parque de diversiones Schlitterbahn, en Kansas City.

Ahora, los investigadores determinaron que la empresa detrás de esta atracción —Schlitterbahn— y Tyler Austin Miles, un exdirector de operaciones, buscaban a toda costa romper el récord del tobogán más alto del mundo y en el proceso ignoraron puntos de seguridad. Este viernes la justicia hizo contra ellos una acusación de homicidio involuntario y varios cargos de agresión agravada tras la muerte del pequeño de 10 años.

El periódico Kansas City Star detalla que la acusación de 47 páginas afirma que la empresa y sus principales ejecutivos buscaban impresionar a los ejecutivos de televisión con el tamaño del tobogán, que entró al Libro Guinness de Records como el más alto del mundo, a pesar de que no contaban con la capacidad para construir tales juegos.

El alegato dice que no tenían una “formación adecuada” para diseñar este tipo de atracciones y que no se respetaron los cálculos matemáticos.

Jeff Henry, copropietario de la compañía junto con sus hermanos, y socio comercial, John Schooley, fueron los encargados de darle forma a Verruckt aunque ninguno de ellos sabía de matemáticas o ingeniería.

Según los investigadores, la empresa sabía que el tobogán no era seguro pero se apresuró a abrirlo al público. Una vez inaugurado, dice el alegato, hubo reportes de lesiones de diversa gravedad antes de la muerte del niño, pero la empresa mantuvo la atracción abierta.

La atracción se abrió al público en 2014 y cerró el 7 de agosto de 2016, cuando Schwab murió. En ese tiempo operativo, el tobogán registró al menos 13 heridos.

Los investigadores concluyeron que Caleb fue decapitado luego de que el bote en el que se deslizaba golpeara contra unos aros de metal, que eran un error de diseño ya que obstruían la posible trayectoria de las balsas.

Henry y Schooley pagaron a una empresa especializada en ingeniería para realizar pruebas una semana de abrir Verruckt y las pruebas mostraron que posiblemente las balsas podían despegarse de la superficie e impactar con los aros, pero aún así abrieron la atracción.

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