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La Bóveda del ‘Juicio Final’ emite un importante alerta sobre la reserva alimentaria de los humanos

El calentamiento global es uno de los mayores retos del banco de semillas más grande del mundo, que en la actualidad preserva más de un millón de variedades provenientes de todo el mundo.
Foto: Agencias

Publicado 09 marzo 2018 el 09 de Marzo de 2018

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El Banco Mundial de Semillas, ubicado en la isla de Svalbar –zona ártica de Noruega– y conocido popularmente como la Bóveda del ‘Juicio Final’, tiene cada vez mayores retos que afrontar por la rapidez que ha desarrollado el fenómeno del calentamiento global, reseña Bloomberg.

“Tenemos una terrible necesidad de desarrollar rápidamente nuevas variedades de semillas”, afirmó Aaslaug Marie Haga, directora ejecutiva de Crop Trust, una organización internacional que administra esa importante bóveda junto con el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NorGen) y el gobierno de Noruega.

Foto: Agencias

Crop Trust busca financiamiento para reunir un fondo de 850 millones de dólares, a fin de fortalecer el programa de protección de semillas. “El clima está cambiando más rápido de lo que las plantas pueden soportar”, agrega Haga.

Por otro lado, en el marco del décimo aniversario –celebrado en febrero– de la inauguración del ‘búnker’ agrícola, Noruega, país que junto a EE.UU. y Alemania son sus mayores patrocinadores, decidió invertir 12,7 millones de dólares a fin de mejorar el rendimiento de las instalaciones y aumentar su seguridad.

El deshielo es uno de los mayores problemas para las instalaciones del banco de semillas. Ya en 2017 se comenzaron a hacer trabajos de impermeabilización en las áreas externas del túnel, para evitar que las altas temperaturas registradas en el ártico afecten su interior, reseña Crop Trust.

Contradicciones entre expertos y otras amenazas

No todos los expertos creen que se está haciendo un buen uso de los recursos en el proceso de reproducción de las muestras y la seguridad alimentaria. Es el caso, por ejemplo, de Patrick Mulvany, un agricultor y asesor de la ONU en este tema, quien asegura que los agricultores deberían ser los protagonistas en este proyecto, pero no reciben una compensación adecuada. Y añade que se pueden tener “tantas semillas como quieras encerradas en la bóveda, pero se deterioran poco a poco en el tiempo”, cita Bloomberg.

Sin embargo, no todos los retos se hallan en la esfera económica y ambiental; también lo político y lo social son factores que pueden amenazar el ‘Arca de Noe’ de las semillas y hacer que se hunda.

Foto: Agencias

La guerra de Siria, por ejemplo, llevó a que los investigadores del Centro Internacional de Investigación Agrícola en Áreas Secas (ICARDA, por sus siglas en inglés), ubicado en Alepo, tuvieran que realizar, por primera vez, un retiro de semillas de la bóveda.

En 2015, ICARDA cerró sus puertas debido a la devastación de la ciudad sede. Fue también en ese año que hizo su primer retiro de semillas –de trigo, cebada y pastos– especialmente adaptadas a climas áridos, a fin de reproducirlas, continuar sus labores y poder restablecer su trabajo de investigación y conservación en zonas de Líbano y Marruecos.

Este caso podría repetirse si comienzan otras guerras y se destruyen zonas fértiles para la agricultura, lo que obligaría a la bóveda a abrir sus puertas nuevamente para retirar otras muestras de granos que puedan estar en peligro de extinción.

Tras 10 años de funcionamiento, la también llamada Bóveda del ‘Fin del Mundo’ contiene más de un millón de variedades de semillas, provenientes de 73 instituciones de países como Australia, Burundi, Colombia, Alemania, India, Japón, Corea del Norte, Rusia y EE. UU., entre otros, exceptuando China.

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