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“Y ¿Entonces qué?”: Me contó un amigo…

Por: Lic. Guillermo Ingram
"Y ¿Entonces qué?": Me contó un amigo…

Publicado 21 febrero 2018 el 21 de Febrero de 2018

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Cómo desde hace días descubrí que en la escalera de mi oficina hay algunos mosaicos ya medio cototeados y ya se ve medio feo, fui en pos de adquirir algunos metros cuadrados de piso para reparar esta avería, pues lo que sea de cada quien se ve feo y no es nada agradable que la gente vea que “ya se palpe la miseria”, pues resulta que como el piso se instaló hace como mil años ¡Ya no hay de ese piso! Ayer precisamente me lancé al safari correspondiente para escoger y proceder a la adquisición de unos cuantos metros cuadrados para que un buen maestro albañil se aventara tan magnífica obra arquitectónica y de mampostería en la susodicha escalera. Como no soy tan exigente, como tampoco el presupuesto está para dejar la escalera como proyectada por Miguel Ángel, Bernini o Da Vinci, escogí algo bastante accesible para los metros cuadrados que me pide el “maistro”, todo iba bien, tanto en atención de la guapa y joven vendedora, como en opciones y precios ¡Hasta llegar al tema de la facturación!, pues la nena vendedora en cuestión me preguntó: “¿A quién se factura?”.

¡CLARO QUE DEBÍA FACTURAR!

Hasta ese momento no había caído en la cuenta de que sí procedía la facturación para la deducción correspondiente, y más que la declaración de impuestos comienza precisamente a mediados de la semana entrante (si mi contador no me miente). Y procedí a solicitar la factura y di los datos de la empresa para la tal facturación, pues se trata de la escalera sede de la tanto, cuanto, destartalada y cuasi desmantelada empresa que poseo, y en eso, la amable y guapa niña que me atendía me pregunta: “¿En qué rubro queda, como gastos generales, construcción…?”. Y hasta ahí llegó mi cordial asesora de pisos, porque amén de quedarme de a “safe” (expresión que emite el arbitró en cualquiera de las cuatro bases del juego de béisbol cuando el corredor en turno llega “salvo” a dicho sitio, adoptando además el “umpire” o ampáyer una imagen corporal que ha pasado a la cultura popular como una expresión de sorpresa o quedar “atónito”. En México se dice: “me quedé de a seis” o “te quedaste de a seis”, porque la palabra “safe” que significa “salvado” o “seguro” se pronuncia casi igual que tal cifra numérica, aunque la pronunciación es “seif”, pues en el idioma de Shakespeare la “v” final suena como “f” en español. Pero, hasta aquí se los dejo en calidad de “cápsula cultural”), en lo que en automático dejé escapar un inesperado y mucho menos pensado: “¡¿Quéééé?!”. Y mi asesora me dice, educada como ella es: “Por disposiciones fiscales ahora debe llevar la factura la definición de ese rubro. Si no sabe, llame a su contable y pregunte, pues sin tal información no se puede emitir factura alguna”. Lo cual hice, mi cuate el contador no respondió jamás su celular y he ahí que pregunté si podía pagar con efectivo y me informa la joven asesora que no, porque rebaso el límite permitido para pagar con efectivo, por lo que debo pagar con cheque. A lo que ya de plano me solté una de mis clásicas carcajadas de ver el galimatías en que estaba yo metido en la pretensión de reparar unos escalones. Pues además, cada que emito un cheque debo checar saldo para evitar el consecuente “rebote”.

MEJOR ME QUEDO CON LA ESCALERA SURREALISTA

Ante el alto grado de dificultad alcanzado para la adquisición de unos cuantos metros cuadrados de piso, gracias a la ¡Pinche Reforma Fiscal!, procedí a cancelar la compra, por lo que, además del tiempo perdido en demostraciones suelos y aclaraciones fiscales, ahora, gracias a la ¡Involucionara Reforma Fiscal!, ni la vendedora obtuvo su comisión por no haber podido concretar la venta, ni la tienda vendió unos pisos cuya liquidación bien hubiesen servido para el pago del sueldo semanal de un empleado, como también el buen “maistro” que ya esperaba cuchara en ristre ponerse a chambear a quitar el piso feo y poner el nuevo, se quedó en “veremos” y sin el ingreso que ya esperaba, cuando que ya me agradecía el que me hubiese decidido a reparar la escalera: “porque la cosa licenciado está de la jodida”.

ESO PASA CUANDO NO SE VIVE EN Y DEL PRESUPUESTO

De lo que no me queda la menor duda, es que México se está moviendo, pero gracias a los temblores, porque en lo que respecta a la ¡RECHINGADA Reforma Fiscal!, está prácticamente detenido.

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