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Las buenas reuniones

A través de Instagram compartieron una fotografía de la enorme bebé.
Las buenas reuniones

Publicado 01 febrero 2018 el 01 de Febrero de 2018

por

Lic. Guillermo Ingram

Tal y como les he platicado en otras ocasiones, provengo, desde mi infancia, de una palomilla harto gregaria y amiguera. Obvio, ya todos los que quedamos de tal gremio estamos más que rucos, pero, incuestionablemente en activo y seguimos frecuentándonos. Esta sana práctica ha dado como consecuencia el que los sobrevivientes vayamos agregando al gremio a otros muy buenos amigos, que por nuestro lado vamos encontrando en el camino.

Bueno, pues el otro día, una amiga me invitó a compartir el pan y la sal con otros amigos de ella, en donde estaba un chamacón bastante interesante, sobre todo ¡Jovenazo! Precisamente, el motivo de la reunión era el festejo de su cumpleaños ¡89 añejos!

LAS VIVENCIAS EN TODA SU EXPRESIÓN

La reunión fue todo un éxito, el nuevo amigo resultó ser, además de ameno, un señor con un tremendo cúmulo de vivencias, que platicar con él resultó por demás edificante y motivador. El cumpleañero, además de gozar de una excelente salud, estado de ánimo y perfecto estado físico (yo creo que de llegar a esa edad ¡Voy a estar para el arrastre, si bien me va!), además autónomo en todo sentido y aspecto.

De niño a él le tocó vivir en carne propia los horrores de la Segunda Guerra Mundial y fue parte de un grupo de niños españoles que salió en calidad de huida hacia Rusia, entonces ya la URSS. La narrativa de su peripecia a través de la península de Crimea y zonas anexas en camino a su destino final; hizo que mis neuronas comenzaran a sacar los recuerdos de las novelas históricas que he leído sobre la huida de los españoles del régimen franquista con destino al extranjero, como mi eterno amigo Toño Machado. Pues los papás de mi ahora buen amigo, salieron con rumbo a México y hasta años después se volvieron a encontrar en nuestro país ¿A poco esto no es haber vivido?

Lo mejor de todo esto es la reciedumbre que incuestionablemente mi reciente cuaderno de doble rayas obtuvo de todas estas peripecias. Nos platicó de los tremendos fríos que pasaron en aquellos inviernos de la guerra, así como el hambre que tuvieron que padecer. Y, no me cabe la menor duda estas circunstancias no sólo le proporcionaron la excelente educación y humanismo que posee, sino también esa sencillez que se obtiene a través del crisol del padecimiento: “Pues mira que en el fuego se hace prueba del oro, de los hombres de cuenta, en el crisol de las humillaciones”. (Eclesiástico 2: 5).

TEMIÓ AFLORARA MI ACTITUD ICONOCLASTA

Mi amiga me había advertido que no estaba permitido hablar de la iglesia delante de él. Ella temía fuera yo a salir con mi rampante anticlericalismo, pero ¡Sí pudimos hablar de la Iglesia! Y nadie salió raspado o fracturado, al contrario, la reunión de sobremesa se fue hasta ya entrada la noche, mi jovenazo amigo no se arredró a abandonar el inesperado simposio (aunque creo le deberíamos llamar tertulia, para ir acorde con nuestras raíces culturales y lingüísticas).

La reunión resultó todo un éxito, yo quedé convidado a volver a convocar a “junta plenaria” a los integrantes de tan ameno encuentro, en donde uno de sus participantes y expositor principal resulto haber ¡Vivido y experimentado todo lo que los demás hemos aprendido en los libros!

¡QUÉ PADRE TENER OTRO AMIGO CON QUIEN CHARLAR!

Mi muy grato contertulio resultó ser toda una fuente de información de primera mano, además de haberse observado de que a través del tiempo él logró consolidar una muy notable cultura general, lo cual es fundamental para el desarrollo de una charla tan amena, cuanto interesante y prolija como la que nos chutamos ese día. Amén de que también resulta un complemento sine que non, el contar con un buen carisma y nuestro cumpleañero también tiene esta alada característica. Pues miren que luego encuentra uno personas cultas y doctas, pero es tal su actitud en la idea de haber sido paridos por los dioses, resultando más odiosos que encontrarse en una fiesta de postín con un conocido alburero y en estado etílico.

POR AHÍ QUEDÓ UN DETALLITO PENDIENTE…

En fin, que nos la hemos pasado muy bien todos los integrantes del encuentro de la partición del pan, pero, me quedó una espinita que sacarme con mi ahora cuatacho, que al despedirnos entre abrazos, risas y palabras amables, de pronto me dijo parecía yo almanaque ¿Ustedes creen tal cosa? Así que los mantengo informados en cómo lavo el honor patrio en el próximo encuentro.

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