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La revolución de las algas

Las algas marinas son uno de los materiales más populares para la fabricación en 2018, su flexibilidad y adaptabilidad lo hacen excelente para desempeñar un sinfín de usos.
Foto: Pixabay

Publicado 18 febrero 2018 el 18 de Febrero de 2018

por

Javier Lendeche / El Dictamen

Bolsas, cosméticos, botellas, pegamentos, biocombustibles, alimentos y medicamentos; todos estos productos pueden ser fabricados con algas marinas.

Las algas marinas son uno de los materiales más populares para la fabricación en 2018, su flexibilidad y adaptabilidad lo hacen excelente para desempeñar un sinfín de usos.

Historia

Las algas marinas son cosechadas desde hace unas cientos de años por las civilizaciones orientales. Los primeros inicios de la alguicultura (cultivo de algas) se remontan a Japón en 1670, donde los agricultores introducían cañas de bambú en el mar, de esta manera; las algas crecían en las cañas y podían ser cosechadas. Posteriormente, en los años 40, los métodos se sofisticaron con la adición de redes sintéticas hasta el completo control de los ciclos de crecimiento de las algas hoy en día.

Foto: Pixabay

Algas para todos

Se habla de una lenta, pero poderosa revolución en las costas del Mar oriental en china, donde la industria de las algas está creciendo a pasos agigantados. Su crecimiento viene de la mano con la alta demanda que este insumo ha adquirido en años recientes, siendo la materia prima de productos tan variados como: cosméticos, sustitutos de plásticos (botellas y bolsas, algunos incluso comestibles) productos farmacéuticos y desde luego; alimentos.

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México

La industria para este sector en México es escasa, pero no inexistente.  A diferencia de los demás países de américa latina, México tiene en su territorio mares de aguas templadas, subtropicales y tropicales. Esto le da la posibilidad de cosechar varios tipos de algas, tanto comestibles como de materia prima.  La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) explica que, aunque se requiere una inversión de capital muy reducida para el cultivo de las algas, se necesita mucha mano de obra y deja una rentabilidad escasa. La FAO considera que, en nuestro país, la alguicultura sólo podría resultar atractiva en zonas relativamente pobres, donde no existen otras actividades comerciales lucrativas.

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