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Selene recibió un hígado que le cambió la vida

Con sólo 11 años fue trasplantada gracias a una donación
Foto: Facebook

Publicado 27 febrero 2018 el 27 de Febrero de 2018

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“Nunca fui una niña normal, no podía jugar ni correr”

Miguel Ángel Cortés

En México, miles de personas viven a la espera de un trasplante de órganos, algunas tienen que aguardar por años y otras muchas veces no ven la luz al final del camino, la situación es alarmante cuando se da cuenta de que por ejemplo, en el año 2017 en el estado de Veracruz, sólo llegaron a realizarse 17 trasplantes de riñón y 27 más de córnea, mientras que aproximadamente otras 700 personas en la entidad anhelan un rayito de esperanza.

Son casi contadas las historias de personas que logran obtener esa esperanza de vida mediante un trasplante, tal es el caso de Selene de Jesús Pérez Eustaquio, una joven originaria del municipio de Alvarado, Veracruz, quien tuvo la fortuna de recibir la permuta de un hígado a la edad de once años.

A los seis meses de edad empezó a sufrir fiebres y convulsiones, además presentaba una inflamación anormal en el estómago, fue entonces que su madre, la señora Sonia Eustaquio Valerio, hizo que se atendiera en el Instituto Mexicano del Seguro Social en la ciudad de Lerdo de Tejada. Después de un ultrasonido realizado en la misma clínica, se detectó que Selene sufría de una rara enfermedad conocida como hepatomegalia, la cual es la inflamación del hígado más allá de su tamaño normal.

La señora Sonia al ver que seguía severamente mal, decidió sacarla de la clínica del IMSS, para posteriormente encontrarse con un doctor particular de nombre Mondragón Maximiliano, quien le sugirió llevar a su hija a la Ciudad de México, pues tenía una enfermedad “rara“. De esta manera, el médico la canalizó al Hospital de La Raza, pero al ver que contaba con seguro social fue trasladada finalmente al Centro Médico Nacional Siglo XXI.

Selene cuenta que fue el 1 de noviembre de 1993 cuando llegó a la Clínica Siglo XXI, en donde fue atendida y puesta en lista de espera para un trasplante de hígado durante once años, tiempo en el que fue sometida a ultrasonidos, radiografías y diversos tratamientos tanto para analizar su estado como para sobrellevar su padecimiento.

Nunca fue una niña normal, no podía jugar o correr, ni siquiera tener contacto físico de manera brusca con otros niños, siempre estuvo ahí el temor latente a que su hígado pudiera reventarse.

En el último año antes de recibir finalmente el trasplante de hígado que le salvara la vida, empezó a presentar tumores en el órgano y constantes sangrados por la boca, indicativos de que la donación del órgano era cada vez más urgente o de lo contrario las consecuencias podían ser fatales.

El 2 de julio de 2004, Selene Pérez Eustaquio y sus familiares recibieron la noticia de que había por fin un trasplante y que debía ser sometida a cirugía ese mismo día, una operación que resultaba complicada y riesgosa en gran medida, pues con los tumores que tenía en su hígado había la posibilidad de que el órgano pudiera reventar durante la intervención, situación que le daba muy pocas probabilidades de salir con vida. Sin embargo, el trasplante, realizado en el Centro Médico Nacional Siglo XXI por el Dr. Alfonso Yamamoto, fue exitoso.

El proceso que sobrevino fue sumamente difícil para nuestra protagonista, quien relata que en ese momento con tan sólo once años tuvo que pasar tres meses internada para su recuperación, de los cuales los primeros quince fueron en terapia intensiva.

Fue un tanto difícil, pues tenía que estar bajo mi reglamento para procurar que mi hígado no rechazara mi cuerpo.

Tenía yo una dieta estricta, no podía convivir con mucha gente, nadamás era con un familiar, no tenía yo tantas horas de visita, una o dos horas de visita, no podía convivir con mascotas, tenía que tener un cuarto propia, estar sola, no podía comer casi nada“, narra.

Tras su recuperación, Selene siguió su vida como una niña normal. Cuenta que tras pasar los años se casó con Miguel Francisco Cano Eslava, con quien actualmente tiene una pequeña hija, de la cual se embarazó poco antes de cumplir su vigésimo primer aniversario de vida, hoy tiene 24 años.

Foto: Facebook

La verdad me siento muy privilegiada porque había muchas personas, muchos niños en esa lista de espera y fui la única que resultó compatible a ese hígado sin problema alguna, como que ya era para mí, ya me tocaba”, dice riendo nerviosamente al ser cuestionada cómo cambia su vida al recibir un trasplante en un país como México, en donde miles de personas esperan acceder a la donación de un órgano.

Desde el año 2004, tiene que acudir cada mes a la ciudad de Veracruz a la Clínica del IMSSS de la avenida Cuauhtémoc con el doctor Gustavo Martínez Mier para realizarse chequeos para saber si su hígado funciona de manera adecuada.

Nunca pierdan la fe, siempre hay una nueva oportunidad, a las personas que quieran donar que no lo piensen dos veces, hay vidas que se pueden salvar“, finaliza Selene, quien gracias al trasplante de un hígado pudo continuar su vida e incluso llegar a formar una familia, un ejemplo claro de que la donación de órganos puede regalar certidumbre y tiempo a muchas de las personas que entre sueños acarician la posibilidad de vivir más años junto a sus seres queridos y sanar su evidente sufrimiento.

 

 

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