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El organillo, llenando las calles de melodías

Aunque los organilleros eran mayormente observados en la Ciudad de México, se dispersaron por todo el país, incluso llegando al estado de Veracruz, caracterizado por ser una entidad con un vasto acervo cultural y musical. Veracruz es tierra de fandango, huapango y danzón; se baila la salsa, se mueve el cuerpo a ritmo de cumbia y merengue.
Eustolio Colorado es organillero desde hace 7 años.

Publicado 03 febrero 2018 el 03 de Febrero de 2018

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*Eustolio Colorado y su primo, originarios de Huatusco se resisten a la muerte de instrumento

Miguel Ángel Cortés

El oficio de organillero es uno de los más antiguos en México, son ya pocos los que salen a las calles a tocar el organillo y llenar de bellas melodías el ambiente. Están prácticamente en el olvido, ya casi nadie voltea a mirarlos, tocar el organillo es hoy es un arte en peligro de extinción.

Aunque los organilleros eran mayormente observados en la Ciudad de México, se dispersaron por todo el país, incluso llegando al estado de Veracruz, caracterizado por ser una entidad con un vasto acervo cultural y musical. Veracruz es tierra de fandango, huapango y danzón; se baila la salsa, se mueve el cuerpo a ritmo de cumbia y merengue.

Aún pueden observarse en Veracruz a los organilleros, resistiéndose a morir, con su tradicional uniforme en color beige, rindiendo honores al uniforme del ejército del general Francisco Villa. Su tradición viene desde 1975, año en que se funda la Unión Mexicana de Organilleros.

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Veracruz es una tierra propicia para la música y Eustolio Colorado lo sabe. Es originario del municipio de Zentla, en la zona de Huatusco de este estado veracruzano, hace siete años que se dedica a tocar al organillo para mantener a su familia, sin saber que a la par es de los pocos organilleros que quedan en el puerto de Veracruz al rescate de esta tradición urbana.

Eustolio Colorado, de apenas 30 años de edad, se coloca a diario en la avenida Independencia de la ciudad de Veracruz, ahí se gana la vida junto a su primo Romeo, quien ha preferido no dar declaraciones y tampoco ser fotografiado. En Zentla, gracias a paisanos que viajan hacia la Ciudad de México descubrieron el organillo; Eustolio cuenta que les gusta tocarlo y que es por eso que lo hacen, además de que no tienen otro trabajo, el organillo es lo único que les brinda un sustento para sus familias.

Está claro, no tienen una entrada fija, hace cuatro años que decidieron llegar a la ciudad de Veracruz para tocar el organillo y su pago ha sido desde entonces el “sueldo” que la gente les da por embellecer el ambiente con las melodías que contiene su particular instrumento: México Lindo y Querido, Eufemia, La Bartola, La Bikina, Volver Volver, Hermoso Cariño y Las Mañanitas.
Nuestro personaje, quien está casado desde hace nueve años y tiene un hijo de siete, comenta que el organillo les da “pa' irla pasando”, dice que mucha gente sí los apoya, sobretodo los señores, a quienes más les gusta esta música.

México Lindo y Querido, Eufemia, La Bartola, La Bikina, Volver Volver, Hermoso Cariño y Las Mañanitas, son las siete canciones que incluye el organillo de Eustolio y su primo Romero.

“Antes lo ocupaban esto pa' los bailes, hace añísimos, hace años, nos comentan mucho los viejitos, los señores de edad, que les llevaban serenatas antes a sus novias. Era muy bonito, con esto hacían bailes, comentan”, externa Eustolio.

Mientras uno toca, el otro camina por la calle pidiendo el apoyo de la gente. Así es el oficio de Eustolio y su primo Romeo, quienes a diario tienen que pagar un alquiler de 150 pesos por el organillo con el que se ganan el pan, ya que no es suyo, sino que lo han traído a Veracruz desde la Ciudad de México. A uno de ellos se le pregunta si realmente obtienen lo suficiente diariamente para poder pagar la renta del instrumento y además poder mantener a sus familias, con resignación responde: “pues tiene que salir”.

 

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Eustolio Colorado pide a los veracruzanos que sigan apoyándolos cuando los vean en las calles para que esta tradición no muera. Dice que por el momento ha decidido sólo dedicarse a tocar el organillo, pero que más adelante quizás pueda trabajar en algo distinto.

Agrega que comúnmente existen quienes se paran cerca de la avenida Independencia en Veracruz con un organillo falso, es decir, un organillo que aparenta serlo, pero en realidad es una grabadora reproduciendo un cassette con la música del instrumento. Ante esto, pidió a la gente no dejarse engañar y apoyar a quienes realmente realizan este arte urbano con seriedad.

 

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Los organilleros parecen ya una especie de músicos en peligro de extinción, poco a poco, con el paso de las generaciones esta tradición urbana se va muriendo, al igual que el sol que cae cada tarde. En las calles ya sólo se detienen a escuchar sus melodías los señores y señoras, a quienes vienen recuerdos de su juventud, memorias que hoy sólo se guardan en la mente y en el corazón y que estos músicos “callejeros” siguen trayendo con el giro constante de la manivela del organillo.

 

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