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“Un poco de ciencia nos aleja de Dios. Mucha nos aproxima”

Nos sentimos seguros y acomodados con lo que hemos alcanzado o con el sistema de pensamiento que hemos venido delimitando, cuando de repente se aparece una estrella diferente y definitiva en el horizonte.

Publicado 08 enero 2018 el 08 de Enero de 2018

por

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

No lo podemos todo, no lo sabemos todo. Aunque no sea fácil aceptarlo ni reconocerlo es lo que queda cuando se asoman a nuestra vida nuevos horizontes, experiencias que no habíamos imaginado. Nos sentimos seguros y acomodados con lo que hemos alcanzado o con el sistema de pensamiento que hemos venido delimitando, cuando de repente se aparece una estrella diferente y definitiva en el horizonte.

Se trata de un conocimiento superior y de una experiencia novedosa que podemos explicar con las palabras de los Reyes Magos: “Hemos visto salir su estrella”. Es decir, no la hemos inventado, no la hemos necesariamente descubierto por nosotros mismos, sino que se ha aparecido, hemos visto que ha surgido.

Los Reyes Magos saben preguntar a quienes tienen más información, a quienes se han puesto en camino, a quienes tienen más indicios y se han venido familiarizando con esta revelación. En la experiencia y periplo de estos personajes venidos del oriente parece asomarse lo que significa el camino de la fe.

Para los Reyes Magos la ciencia no fue un obstáculo para conocer a Dios. El conocimiento científico los elevó a un conocimiento superior que arrojó nuevas luces en su vida. De esta forma se elevaron en el conocimiento de Dios y lograron la plenitud en su vida. Decía el gran científico francés Louis Pasteur: “Un poco de ciencia nos aleja de Dios. Mucha nos aproxima”.

Los Reyes Magos entendieron la dinámica del conocimiento científico que los inquietó a ponerse en camino siguiendo el rastro de la estrella. Lo que sabían y habían descubierto no los ensoberbeció sino que les dio la pauta para lograr el descubrimiento más grande de su vida.

A diferencia de los Magos, Herodes no aceptaba alguien más poderoso que él, su poder y ambición lo llevaron a reaccionar de manera demente y despiadada.

Las historias bellas, pías y consagradas que hemos celebrado estos días de Navidad guardan su tensión, dolor y dramatismo que debemos reconocer para esclarecer todas sus enseñanzas.

Por lo tanto, a partir de estos acontecimientos podemos decir que la fe nos provoca para ponernos en camino. La fe nos va llevando de tal manera que no nos conformamos con lo que sabemos y hemos experimentado sino que nos saca de nuestra comodidad, rompe nuestros esquemas y nos empuja siempre hacia una experiencia de encuentro con el Señor.

La fe no es saber algo sino conocer a Alguien, no es demostración sino sobre todo adoración. La fe es plena y auténtica cuando nos lleva a postrarnos en la presencia de Dios.

Como dicen los evangelios acerca de los Reyes Magos: “Y postrándose lo adoraron”.

No basta decir que creemos en Dios, o que respetamos algunos valores que nos parecen lógicos y convincentes. La fe que comienza como una búsqueda termina con un acto de adoración, donde reconocemos que encontrarse con el Señor no ha sido resultado de nuestras propias investigaciones sino don de Dios, ya que por su infinita misericordia muestra su gloria delante de nosotros, como a los Reyes Magos que habían seguido la estrella pero que en un momento de este itinerario se les había desaparecido.

La ciencia, el poder y las comodidades no se pueden convertir en un obstáculo para convertirnos en verdaderos hombres de fe. No es incompatible ser creyente y científico al mismo tiempo, ser creyente e intelectual al mismo tiempo. Los Reyes Magos anticipan a tantos hombres y mujeres ilustres que precisamente por ser creyentes fueron también científicos, descubridores, impulsores y referentes de los distintos sectores del saber humano.

Como dice Blaise Pascal, otro gran científico y filósofo francés: “Para quien quiere ver hay suficiente luz y para quien no quiere ver hay suficiente oscuridad”.

El dinamismo de la fe y su relación intrínseca con la razón es explicado de manera muy bella por el científico y poeta español David Jou Mirabent:

“Cuando digo que creo no salto al vacío, me miro a mí mismo y me veo razón finita, cuerpo mortal,sentimiento inconstante, pasión insaciable:el vacío soy yo cuando faltas Tú.Razón infinita, Amor eterno, Perfección saciada […]

Cuando digo que creo en Dios no salto al vacío: toco las raíces de lo que soy,me siento iluminado -¡tan oscuro como soy!-de piedad, de gracia y de misterio”.

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