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Cero carencias; inclusión y equidad para el desarrollo

Ser pobre va más allá de carecer de dinero o de bienes.

Publicado 16 enero 2018 el 16 de Enero de 2018

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Por: José Antonio Meade Kuribreña

Ser pobre va más allá de carecer de dinero o de bienes. Estar en condición de pobreza significa no contar con libertades o derechos básicos ni con las capacidades para generar recursos y salir adelante.

Está demostrado que la pobreza no se resuelve sólo dando dinero a quienes no lo tienen. Luchar contra la marginación exige una política social que abra oportunidades y empodere a las personas con herramientas que les permitan incorporarse al sector productivo. A eso le llamamos inclusión en favor de una mayor equidad.

Los programas sociales ciertamente son una vía transitoria para asegurar ingreso, seguridad social, salud, educación, alimentación y vivienda a quienes hoy carecen de ellos; una vía necesaria para que las propias personas transformen su realidad y puedan desarrollar sus talentos y su potencial.

De entre todas las herramientas que podemos acercar a las personas sobresale la educación, el mayor igualador social. El muchacho que asiste a una escuela técnica para prepararse es alguien que adquiere herramientas para transformar su realidad.

Existen propuestas demagógicas que de entrada pueden sonar atractivas, pero que en el fondo ponen en riesgo la viabilidad financiera de nuestro país. El desarrollo y las oportunidades no deben financiarse quebrando al país o endeudando a las futuras generaciones. Con oportunidades de educación e inclusión, podemos cambiar la vida de niños, mujeres, indígenas, personas con discapacidad y adultos mayores.

Por supuesto que es necesario llevar leche fortificada y granos a las familias más pobres en todo el país. Pero eso no basta. Junto con ello, es esencial velar por el cuidado de su salud, ofrecerles oportunidades de educación, abrirles la puerta a nuevos puestos de trabajo, a créditos para que construyan su casa o pongan un negocio. Es fundamental velar porque las mujeres y los hombres de México tengan oportunidades para desarrollar su talento y la prosperidad de sus familias.

Tengamos un padrón único de beneficiarios para ser más efectivos en la selección y entrega de los programas sociales; que nadie que lo necesite quede fuera. Tengamos ventanillas únicas de atención para evitar ineficiencias y discrecionalidades en los apoyos; que nadie abuse. Quitemos a tanto intermediario en la política social; que las entregas de los programas sean transparentes con depósitos bancarios a los beneficiaros. Atendamos mejor a los receptores de los programas sociales y démosles herramientas para que, por su propio pie y con la frente en alto, dejen atrás su condición de pobreza para siempre.

Demos a cada mexicano un piso mínimo, una adecuada nutrición, servicios de salud, educación de calidad, vivienda y mejores empleos. Aseguremos que nadie nazca en pobreza extrema; que independientemente del lugar en donde nazca, cada niña y niño tenga acceso a una vida llena de posibilidades.

La mejor manera de combatir la pobreza y empoderar a las y los mexicanos es a través de la inclusión. En el siglo XXI tenemos las herramientas necesarias para asegurarles cero carencias sociales. Con su ayuda, con la plena participación laboral y productiva de todos, el crecimiento económico de México será para todos: inclusión y equidad para el desarrollo.

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