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Fue una mujer temida por su maquiavelismo

Ella, Catalina, jamás tuvo exabruptos, supo mantener la calma y aguardó su momento.

Publicado 04 enero 2018 el 04 de Enero de 2018

por

Lic. Guillermo Ingram

Hace como mil años leí la biografía de Catalina de Médicis, quien llegara a ser reina de Francia, pero jugando un papel secundario ante la presencia de la favorita de su marido, Enrique II, Diana de Poitiers. Ella, Catalina, jamás tuvo exabruptos, supo mantener la calma y aguardó su momento. Y cuando llegó, al morir su esposo a consecuencia de un accidente de una justa (romper lanzas a caballo) y al rey se le clavó en el ojo un fragmento de la lanza rota. Catalina estuvo siempre serena, no cayó en histerias ni venganzas inútiles, supo mantener su lugar, sólo solicitó a Diana todas las joyas y demás presentes que le había dado su esposo (llevó nota de todos los obsequios), y la retiró de la corte a un lejano castillo. Y aunque Catalina era experta en venenos nunca intentó matarla, sabía su lugar y supo ser la regente al inicio de dos de sus hijos y guió bien a Enrique III, su favorito, aunque al final éste cayó en la soberbia.

HABÍAN SIDO EDUCADOS PARA GOBERNAR

Ella era la hija de Lorenzo II y fue educada para ser esposa de un príncipe. La biografía en cuestión dice que siendo apenas una niña, tuvo una discusión con un primo y ella lo agredió, cuando tales noticias fueran reportadas a su tío por su institutriz, fue llevada a una habitación del castillo donde vivía y ahí desde su silla vio como era envenenado su perro favorito, y ella no debía expresar nada, ni en su infantil rostro, porque estaba sabida que de hacerlo, el siguiente en ser muerto sería su amado pony y tuvo que aguantar todo sentimiento al ver a su perro morir en horribles dolores por efectos del veneno. Luego el tío le dijo debía aprender a jamás mostrar sus más íntimos sentimientos y a controlar toda pasión, sin permitir que el temperamento la dominara.

Como política ella se demostró siempre exitosa y hasta osada y llegó a ser, detrás de la figura regia de sus hijos, la figura central de la política europea de la época.

SALVO ESTOS TRES, TODOS LOS DEMÁS ¡PURO VILLAMELÓN!

Bueno, la anterior cápsula de historia viene a colación de la pobreza de criterio con la que ahora se muestran la mayoría de los “líderes” del mundo. Tal vez los dos que se salvan de esta característica es el Presidente de la República Popular China, Xi Jinping, por su cara inescrutable y casi falta total de lenguaje corporal, así como su par ruso, Vladímir Putin, otro inescrutable, ex jefe de la temible KGB en tiempos de la URSS ¡Ah! Y mi dilecta, la alemana Ángela Merkel, de ahí en fuera ¡Puro villa melón! ¡Puro jarrito de Tlaquepaque!, así como “terroncitos de azúcar”, que a la primera de cambios ya se están desgarrando las vestiduras o rompiendo en histeria públicamente, cual lavanderas de poca monta o descomponiéndose el maquillaje ¡Puro desubicado, falto de la más mínima cultura POLÍTICA! Como el siempre petulante y patán de Trump, que de tratarse de un adolescente berrinchudo, caería en el aburrimiento con sus pataletas, pero tratándose del Presidente de la Nación más poderosa del mundo, cuando rompe en histerias recuerda mucho a aquella escena de Calígula, descrita por varios biógrafos, cuando en una ocasión se puso a brincotear como niño en el Circo Máximo, todo histérico, porque sintió el pueblo de Roma no lo vitoreaba los suficiente y al parecer ahí fue que soltó aquella triste frase de: “¡Ojalá y el pueblo de Roma tuviera un solo cuello para cortarlo de un tajo!” ¡Imagínense!

LO QUE ES ESTAR A MERCED DE PUROS ORATES

Lo malo con el Trompas, es que, como todos sabemos, sí tiene el poder de incendiar al mundo con una lluvia de misiles atómicos, lo cual se ve muy posible con la amenaza lanzada por él al otro loco, el dueño de Corea del Norte, al decirle que su botón atómico era más grande y letal. Esto ni siquiera en albur lo debería de decir, primero, porque él está representando a una nación, de ribete la más importante en el mundo y enseguida, porque está alardeando ante un loco detentador del control también de un respetable arsenal nuclear. O sea, una auténtica ensalada de locos, en la que se pueden llevar entre los pies a la creación entera. Luego entonces, ninguno de ellos está preparado para estar en donde están, pero ¡Están! No obstante, nunca fueron preparados para ser políticos, sino unos vulgares dictadorzuelos, eso sí, con bombas atómicas a la mano. En lo que el resto de los líderes, salvo los mencionados, todos detienen el aliento al ver a Calígula y Nerón pelando a la distancia.

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