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“Lo que sí hizo”

Jorge no pudo soplar las velitas del pastel para sus noventa años.

Publicado 24 enero 2018 el 24 de Enero de 2018

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Por: Mtro. Luis Fernando Ruz Barros

“El excéntrico es una persona que a nadie se le ocurriría meter en un manicomio, pero que tiene ciertas peculiaridades que lo distinguen claramente del común de la gente. Para ser excéntrico se necesita cierta iniciativa, cierta pasión creadora, pero al mismo tiempo supone una falla o una deficiencia, que lo separa fatalmente, al excéntrico, del artista”.

FRAGMENTO de –Ideas en Venta-
Jorge Ibargüengoitia

Jorge no pudo soplar las velitas del pastel para sus noventa años, pero fue becario del Centro Mexicano de Escritores, y de las fundaciones Rockefeller, Fairfield y Guggenheim, además, obtuvo, entre otros el Premio Internacional de Novela México en 1974, tampoco pudo aplaudir de pie el Nobel de Letras a Octavio Paz o fustigar con su fina tinta las desventuras contemporáneas del México que amó, pero tomó clases de Teoría y Composición Dramática en la Facultad de Filosofía y Letras con Rodolfo Usigli. No pudo sentarse en una butaca del Azteca para ver a Maradona profanar y glorificar al futbol en un mismo Mundial pero sí hizo de mí un joven lector que lo conoció mucho después de aquel año 83 cuando en un fatal accidente de aviación dejaría este mundo. Tal vez fue mucho lo que pudo haberle faltado hacer al genial Ibargüengoitia pero lo que hizo, lo hizo tan bien que nosotros, sus lectores, celebramos por el sus noventa años. La literatura normalmente prevalece a partir de la penetración que la obra consigue en quien detenta el libro, en el caso de este autor, mediante el vehículo expresivo del humor, calando más hondamente en los problemas y situaciones humanas, ayudando a experimentar el sufrimiento y dolor que conllevan la mayoría de las situaciones descritas en sus trabajos. Conforme avanzó en su pulcritud literaria, Ibargüengoitia iba conquistando una conciencia más lúcida que le impulsaba a nuevos cuestionamientos y le exigía poner en tela de juicio más y más verdades establecidas. Por ello, es de lamentar que la brevedad de vida no le haya dado la posibilidad de culminar la tarea reflexiva sobre la existencia humana, sobre sus sentidos y sus sin-sentidos. El caso es que su obra pone a nuestra disposición abundancia de materiales para indagar y conocer la naturaleza y propósitos de la ironía. Así pues es como estas líneas se escriben con el único afán de generar una motivación en cada lector para devorar las líneas y se cumpla el adagio que Jorge repetía de vez en vez “Lo triste o lo alegre de una historia no depende de los hechos ocurridos, sino de la actitud que tenga el que los está registrando”.

 

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