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“La forma del globo”

A Guillermo del Toro lo descubrí a cabalidad cuando por el 2001, Kali, mi antes novia, hoy esposa me invitó a ver “El espinazo del Diablo”...

Publicado 08 enero 2018 el 08 de Enero de 2018

por

Mtro. Luis Fernando Ruz Barros

La forma del globo es la de un Toro, y no enamorado de la luna sino de sus propios monstruos, o al menos así lo dejo entrever cuando ayer entre sorpresa y aplausos recogía el prestigiado trofeo que lo acreditaba como el mejor Director para criterio de la prensa extranjera en Hollywood.

A Guillermo del Toro lo descubrí a cabalidad cuando por el 2001, Kali, mi antes novia, hoy esposa me invitó a ver “El espinazo del Diablo” y desde la primera secuencia de la película quede atrapado al escuchar la voz en off del narrador que decía: “¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor quizá, algo muerto que parece por momentos vivo aún, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar”.

Del Toro en todos sus trabajos explora no tanto la entidad sobrenatural que suspira en la oscuridad y que aguarda el momento perfecto para producir susto, sino las relaciones que cada uno de sus personajes conserva con ese tipo de sensaciones. Así es como con “La Forma del Agua”, película que habrá de estrenarse muy pronto en nuestro País, logró cautivar con su poderosa esencia la perspectiva crítica de los calificadores de cine y que desde su triunfo en el festival de Toronto ya venía precedida y que desde ya la coloca en franca carrera por los Oscars.

Parece que a los realizadores mexicanos les vienen bien los años pares, basta recordar que Cuarón en 2014 e Iñarritu en 2016 levantaron en alto la misma estatuilla que ayer coronó veinticinco largos años de formación cinematográfica de Guillermo. Quizá mucha gente lo haya conocido más por su “Laberinto del Fauno”, por su “Hellboy” o por su “Cumbre Escarlata”, lo cierto es que sus trabajos siempre van acompañados de onirismo e incluso matices surrealistas que lo convierten en no solo un cineasta convencional sino en un estilista plástico en tercera dimensión que nos lleva de celuloide en celuloide a entender que todos tenemos monstruos personales que son patrones imaginarios de nuestras imperfecciones y que están ahí para recordarnos que somos seres humanos.

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