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Por más que busco no encuentro el espíritu navideño

La consigna parece ser: "Venda todo lo que sea a costa de lo que sea". Pero, a la par de esta consigna está la paradoja de la tremenda crisis que en todos los órdenes se encuentra el país...

Publicado 19 diciembre 2017 el 19 de Diciembre de 2017

por

Lic. Guillermo Ingram

Me van a perdonar, pero, no es que ande emotivo o melancólico, sino que por más que le hago para encontrar ese otrora muy cálido espíritu navideño ¡No lo encuentro por ningún lado!

Esto se debe incuestionablemente a la jodidez en que se encuentra Juan Pueblo. En serio.

Amén de que la Navidad ahora se encuentra más materializada que en ningún otro tiempo.

La consigna parece ser: “Venda todo lo que sea a costa de lo que sea”. Pero, a la par de esta consigna está la paradoja de la tremenda crisis que en todos los órdenes se encuentra el país, primordialmente la económica que viene a ser prácticamente la raíz de todas las demás, sobre toda la tremenda ola de violencia padecida a nivel nacional.

¡A TARJETAZO LIMPIO!

Y como hay que consumir, Juan Pueblo procede a echar mano del llamado dinero plástico y con eso de que las ofertas “están para pagar hasta el mes de marzo del año entrante” ¡Adelante! Falta mucho para tal fecha. Pero, se oye lejos, no obstante el plazo está a la vuelta de la esquina y en cuanto llegue a buen fin el plazo a pagar, llega con él el rechinar de dientes.

En eso me fundamento para asegurar de que la Navidad misma se ha vuelto totalmente materialista, incluso ¡Desechable!: ¡Úsese y tírese!

¿RECOBRAREMOS NUESTRA MEXICANÍSIMA NAVIDAD?

Creo estoy muy lejos del personaje del tío Ebenezer Scrooge, de la magnífica obra “Cuento de Navidad” de Carlos Dickens, en donde el espíritu de las Navidades pasadas viene a hacerle ver la realidad del verdadero sentido de la Navidad al tío Scrooge, el personaje principal de tal cuento, tipo avaro que explotaba en todo lo que podía a su empleado, un sobrino que trabajaba en su oficina. Y él odiaba entre otras cosas a la Navidad porque era el día que tenía que darle libre y con pago a tal pariente, quien, para variar, estaba en la pobreza extrema (así se le llama ahora en México a la jodidez).

¡QUÉ PADRE LA NAVIDAD! ¡DESDE LA VÍSPERA!

No, a mí si me gusta la Navidad, pero con ese sentido humano y humanista que poseía esta festividad en tiempos remotos, celebrada por la enorme mayoría en un entorno de gran afecto entre familiares y amigos. En donde no había protocolos ni apertura de regalos porque ¡Nadie regalaba nada material a nadie!, se daba afecto, amor, compañía, todo en torno a la mesa de la cena navideña, a donde asistía prácticamente toda la familia y era muy a todo dar ver a toda una serie de familiares que venían desde muy lejos de la República Mexicana o los EUA específicamente a pasar la Navidad y el Año Nuevo. Era padrísimo ver a las mujeres de la casa (con esto no quiero ser misógino, en lo absoluto) y las de la visita, afanadas en cocinar la cena (los caballeros ya habían proveído todos los insumos), en lo que otras ponían la mesa para tal efecto ¡Y todas lo hacían con un gran cariño! Nadie refunfuñaba, además, al otro día TODAS ayudaban a levantarlo todo ¡Y también lo hacían con gran entusiasmo!

Hoy, hasta la vajilla es desechable ¡Qué espanto, amén de la agresión que al medio ambiente significa!

¡CENABAMOS RICO! Y NADIE QUEDABA DEBIENDO NADA

¡Aaaah! Y se cenaba alguna crema, tamales, pierna al horno, pavo enchilianchado, buñuelos, hojuelas, fruta cristalizada, ponche y los dulces denominados “colación”, en ocasiones se quebraba una piñata y toda la bola de chamacos andábamos luego corriendo hasta muy noche echando cohetes, quemando luces de bengala (de las pequeñas, no de esas enormes varillas que hoy se venden en las esquinas) ¡Y nadie salió nunca jamás quemado ni accidentado!

En cambio hoy, hasta los niños han aprendido a “mostrase felices” con lo que les trae el gringo del pinche Santa Clos ¡Qué espantoso! Tan a todo dar saber que el 6 de enero llegaban los reyes.

HOY LAS CENAS ESTÁN PARA TERMINAR EN EL DENTISTA O EL HOSPITAL

Amén de que ahora casi se compra ya listo para hornearse esos pavos congelados de hace meses, listos para “hornearse” en el micro, con el infaltable “relleno” ¡Guácala! Y qué me dicen de los fachosos ¡Fruicakes! Que como decía el buen Germán Dehesa, eran los mismos que se venían regalando entre los familiares Navidad tras Navidad, pues nadie los comía.

¡LOS ESPANTOSOS FRUITCAKES!

Y es verdad, atreverse a tal temeridad de comer un pedazo de Fruitcake, es caer casi de inmediato en diabetes fulminante y además tener asegurada la cita con el dentista porque de seguro o se le partía al comensal un diente o se le aceleraba la caries ipso facto.

En fin, tal vez con el final del TLC volvamos a nuestras raíces una vez más, si es que algo llega a quedar de país, después del próximo 3 de junio ¡Suerte les de Dios!

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