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Acuerdo comercial entre Unión Europea y Japón

Este tratado de libre comercio lleva implícito la generación 280.000 empleos, lo que resulta de la estimación de que por cada 1.000 millones de euros adicionales en exportaciones europeas crean 14.000 puestos de trabajo nuevos.

Publicado 18 diciembre 2017 el 18 de Diciembre de 2017

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Creará 280 mil empleos

Dr. Armando Rojano Uscanga

El acuerdo Unión Europea-Japón, firmado el 8 de diciembre pasado, empieza a pasar los filtros del chequeo jurídico, traducción (a los tres idiomas oficiales de la UE) y las ratificaciones políticas, para entrar en vigor en el primer semestre de 2019. Este tratado de libre comercio lleva implícito la generación 280.000 empleos, lo que resulta de la estimación de que por cada 1.000 millones de euros adicionales en exportaciones europeas crean 14.000 puestos de trabajo nuevos. Y se prevé un aumento de ventas a Japón superior a 20.000 millones (hasta el 24% de los 86.000 millones hoy exportados).

Un 24% de aumento en las exportaciones no es una cifra exagerada, si se considera que el incremento de exportaciones a Corea, tras la entrada en vigor en 2011 del primer tratado firmado con ella alcanzó el 55%, si bien el punto de partida era inferior al del flujo euro-japonés. El sector japonés más beneficiado será el automotriz. En Europa, el agroalimentario: por eso se le conoce como el acuerdo “quesos por coches”. La industria alimentaria continental podría casi triplicar sus ventas, seguida de la química o la maquinaria eléctrica. Hoy hay casi 74.000 empresas europeas que exportan a Japón, de las que el 78% son pymes, que emplean a cerca de 600.000 trabajadores. Otros 550.000 trabajan para compañías japonesas instaladas en la UE.

El tratado es el más importante negociado por los europeos: abarca el 40% del comercio mundial e involucra al 30% de la economía global. Japón es el sexto socio comercial de la UE en el mundo y el segundo en Asia (tras China), por lo que el modelo de acuerdo de “última generación”, similar al diseñado para Canadá, se va abriendo paso frente a las asechanzas del neoproteccionismo. Sin embargo, hay un último punto por acordar: el mecanismo de resolución de litigios. Tokio prefiere el antiguo método del arbitraje, tan criticado por los alterglobalizadores; Bruselas, el sistema de Tribunales públicos (para el caso de inversiones) implantado con Ottawa. Pero ambas partes coinciden en aplicar el resto del acuerdo mientras salvan ese obstáculo. Europa tiene buenos argumentos para activarlo: es competitiva, ya que pese a la ascendencia de China y otros emergentes mantiene una cuota del 15% de las exportaciones globales de mercancías; es una actividad creadora de empleo neto (aunque pueda destruir puestos en algunos subsectores); es ineludible para los europeos, puesto que el crecimiento mundial se produce, en un 90%, fuera del continente; y su experiencia demuestra que a más liberalización, más crecimiento.

 

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