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Luz María, una vida de dolor

Publicado 24 diciembre 2017 el 24 de Diciembre de 2017

por

Miguel Ángel Cortés/El Dictamen

Luz María, de ochenta años, recuerda sus años de juventud con tristeza y nostalgia.

El asilo Cogra se ubica en la calle Cultura de la colonia Miguel Hidalgo en Veracruz.

Luz María Guerra Lima llegó hace más de diez años a vivir al asilo de ancianos Cogra, su madre la regaló a los quince días de nacida a una familia que le brindó pocas atenciones y que jamás le dio algún tipo de educación, una familia en la cual fue un cero a la izquierda.

Actualmente, Luz María tiene ochenta años y mientras recuerda sus años de juventud no puede evitar que la tristeza se dibuje en su rostro y que la nostalgia le haga un nudo en la garganta. El ceño se le frunce, los ojos se le llenan de lágrimas, sus manos tiemblan, se pone nerviosa, sabe que recordar aquellos días llenos de soledad y amargura le lastiman el alma y el corazón.

“Muy triste, para mí fue muy triste, no tuve adolescencia, no tuve juventud, apenas y después de los veinte años empecé a disfrutar mi juventud. Me amenazaron con que si yo me huía me iban a buscar hasta por debajo de las piedras y me iban a meter a la cárcel”, explica.

Hace 10 años que Luz María Guerra Lima llegó a vivir al asilo Cogra.

Pinos de Navidad naturales, ¡mexicanos!

Cuenta que tiempo después se fugó con una amiga, con quien empezó a trabajar como sirvienta. Sin embargo, ambas siguieron caminos distintos, pues su amiga se mudó a la ciudad de Xalapa; fue entonces cuando Luz María se encontró con la persona que sería su pareja por diez años.

“Me doblaba la edad, sin conocerlo y sin tenerle ningún aprecio me casé, pero ya con el tiempo me di cuenta de la realidad de cómo era él”, cuenta Luz María, que con señas explica que su marido era alcohólico, para después mencionar que también la golpeaba.

Recuerda que ella tenía 22 años cuando lo conoció y que nunca metió las manos cuando la golpeaba. “Me agarraba como piñata”, dice con tristeza en su rostro afirmando que su vida matrimonial fue también demasiado triste.

Luz María explica que debido a problemas con su matriz, jamás pudo tener hijos, pero que con su esposo adoptó una niña, a la cual prometió darle todo lo que ella nunca había tenido. Cuenta que un día, después de tantos maltratos de su esposo, huyó de su casa junto con ella mientras él se encontraba en estado de ebriedad; en aquel entonces vivía en el municipio de Candelaria en el estado de Campeche y tomó la decisión de venir nuevamente a Veracruz.

El ponche, bebida que no puede faltar en la cena de Navidad

Hoy, la niña que adoptó vive en el municipio de Alvarado, Veracruz, y está casada con un hombre de oficio pulpero, sin embargo, hace muchos que no la ve y jamás la ha visitado durante su estancia en el asilo Cogra, situación que le provoca mucha tristeza y la ha hecho llorar en innumerables ocasiones, aunque dice estar tranquila si esa es la decisión de Dios.

“No ignora que estoy aquí, sí sabe, pero pues ni modo, ese corazón tiene para mí y ni modo, que Dios la bendiga”, platica.

Por último, Luz María comenta que en el asilo Cogra los directivos y personal del lugar le celebran la Navidad a los “abuelitos” con la tradicional cena, el pavo que no puede faltar y la alegría de recibir el nacimiento del Niño Dios. Asegura que tras tanto tiempo de soledad, disfruta la compañía de sus compañeros y las personas del asilo Cogra.

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