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El asilo Cogra, una luz para Don Chucho

Hace treinta y tres años que no ve a sus dos hijos, pues su familia lo abandonó como consecuencia de su alcoholismo y desde entonces los ha buscado sin hasta ahora haber obtenido éxito. Hoy, tiene setenta años y pasa sus días en el asilo Cogra.
Don Chucho vive desde hace dos años en el asilo Cogra, donde ha recibido cariño y buena atención.

Publicado 24 diciembre 2017 el 24 de Diciembre de 2017

por

Miguel Ángel Cortés/El Dictamen

El alcohol y los excesos, marcas irremediables en su vida.

El asilo de ancianos Cogra se ubica en la calle Cultura de la colonia Miguel Hidalgo

Hace treinta y tres años que no ve a sus dos hijos, pues su familia lo abandonó como consecuencia de su alcoholismo y desde entonces los ha buscado sin hasta ahora haber obtenido éxito. Hoy, tiene setenta años y pasa sus días en el asilo Cogra.

Jesús Poulette, mejor conocido como Don Chucho, llegó hace dos años al asilo de ancianos Cogra de la ciudad de Veracruz. Cuenta que anteriormente había estado en un lugar parecido, pero que tras enfermar un día fue trasladado a un hospital y de este, finalmente llevado al asilo donde hoy se encuentra.

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Don Chucho asegura que en Cogra ha encontrado cariño y aprecio, además de respeto como adulto mayor: “Nos atienden bien, aquí nos dan nuestras comidas, nuestra ropa limpia, el baño, la cama, todo limpio; ya sea los directivos o la gente que está aquí nos tratan bien y tenemos la oportunidad de dialogar con ellos en cualquier momentos, podemos pedirles algo y nos escuchan”.

Dice que los directivos le dan la oportunidad de vender algún producto en las afueras del asilo y que con sus ganancias satisface sus antojos, a pesar de que en la institución hay dulces, galletas y algunas otras cosas que son repartidas a los “abuelitos” del lugar. Afirma que en Cogra los ancianitos lo tienen todo.

A las afueras del asilo, Don Chucho vende algunos productos para satisfacer sus antojos personales.

“Yo un tiempo me dediqué al alcohol y ahí se dio cuenta la señora más que nada, porque a los niños se los llevaron chiquitos, se dio cuenta y sabía que no iba a haber progreso y entonces me abandonaron por eso. Los hemos tratado de localizar, pero no, no los hemos encontrado”, relata Don Chucho al preguntarle si tiene hijos.

A pesar de que ya son más de treinta años sin saber de sus hijos y de no tener familiares que vean por él, Don Chucho dice no sentirse solo, pues cuenta con su otra familia: los integrantes del asilo Cogra; asegura que gracias a ellos se siente acompañado, protegido y rodeado de cariño. Sin embargo, no puede evitar arrepentirse de los excesos de su juventud, aunque sabe que ya no es posible remediar nada; únicamente se encomienda a Dios y le pide su protección.

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Don Chucho comenta que le gustaría que para esta Navidad todas las personas que forman parte del asilo Cogra tengan salud y momentos de lucidez y esperanza para poder seguir luchando por la vida.

“Olvidarse del alcohol, olvidarse de tantos problemas que puede traer el alcohol, porque nos conduce a perdernos, a una perdición total que luego no vamos a poder nunca remediar”, finalizó.

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