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Hablando de…

En nuestro México es notable la profunda influencia de la gastronomía, que no sólo está en la mesa, va más allá con las bebidas, productos y platillos típicos que están presentes en nuestra comunicación verbal cotidiana.

Publicado 11 noviembre 2017 el 11 de Noviembre de 2017

por

Concepción Díaz Cházaro
Cronista de la ciudad

Los dichos y refranes son parte de la cultura de un pueblo, nos recuerdan a los abuelos que con sabiduría los han aplicado atinadamente en cada ocasión. Estas manifestaciones populares llegaron de España y terminaron de sazonarse y aderezarse aquí.

En nuestro México es notable la profunda influencia de la gastronomía, que no sólo está en la mesa, va más allá con las bebidas, productos y platillos típicos que están presentes en nuestra comunicación verbal cotidiana. Frases que han pasado de generación en generación y conforman parte del patrimonio mexicano.

Entre estos refranes podemos citar: “Dar atole con el dedo”: que no tiene otro significado que dar vueltas a un asunto sin llegar a resolverlo; “Echarle crema a los tacos”: es el hecho de presumir o exagerar a favor propio; por su parte “A darle que es mole de olla”: quiere decir a trabajar sin perder el tiempo; “Las penas con pan son menos”: supongo que de ahí, la costumbre de comer pan dulce en los velorios, por cierto don Quijote ya lo mencionaba “Los duelos con pan son buenos”. En cuanto a “No se puede chiflar y comer pinole”: es decir hacer una cosa a la vez, ya que el pinole es un polvo muy ligero y es imposible ingerirlo y chiflar simultáneamente; “Al que nace pa´tamal, del cielo le caen las hojas”: se refiere a quien no alcanza un buen nivel en su trabajo; “Tiene más valor que el que comió el primer zapote prieto”: algún osado y supongo hambriento quien degustó por primera vez dicho fruto non grato a la vista, no así, añadiéndole jugo de naranja resulta delicioso; “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre”: encontrar el justo medio; entre muchos más.

En cuanto a otras frases en el lenguaje coloquial mexicano, recordemos su origen, “Se fue hecho la mocha”: se remonta a la época que comenzaron los trenes de vapor en México.

Estas máquinas se movían con mucha lentitud; sin embargo, unos años más tarde llegó una locomotora más pequeña y ágil a la que los trabajadores ferroviarios llamaron “la mocha”, de ahí usar la palabra para describir a alguien que se va de prisa.

“¡Aguas!”: durante la época de la Colonia, el drenaje no era común para todos los hogares, así que la forma de deshacerse del agua sucia era tirándola desde el balcón. Antes de lanzarla la persona gritaba ¡aguas!.

“El que quiera azul celeste, que le cueste”: su origen se debe al arte, pues para que los pintores contaran con un azul claro o celeste tenían que obtenerla de una piedra semipreciosa llamada lapislázuli, por lo que debían pagar mucho dinero para obtenerlo.

“De tal palo, tal astilla”;
“Dios los cría y ellos se juntan”;
“El que anda con lobos a aullar aprende”;
“Ese no da paso sin huarache”;
“El que se fue a la Villa, perdió su silla”;
“El muerto y el arrimado a los tres días apesta”;
“Ajonjolí de todos los moles”;
“Con qué poco aguacate, te salen granos”;
“Dónde manda Capitán, no gobierna marinero”;
“El hábito no hace al monje”;
“A ojo de buen cubero”;
“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.
“Sólo el que carga el cajón, sabe lo que pesa el muerto”;
“En boca cerrada, no entran moscas”;
“Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”;
“Al que le quede el saco, que se lo ponga”;
“A caballo dado no se le ve el colmillo”;
A fuerzas, ni los zapatos entran”;
“Chango viejo no aprende maromas nuevas”;

 

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