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EL DÍA DE LA IGNOMINIA

Publicado Hace 23 días el 24 de Noviembre de 2017

por

Guillermo Ingram García

Ayer se conmemoró en los EUA el Día de Acción de Gracias, el cual es tan popular como la Navidad, salvo que el de Acción de Gracias es ¡Gracias a Dios!, exclusivo de gringolandia.
Lo he titulado “el día de la ignominia” porque de acuerdo con algunas definiciones consultadas, el vocablo ignominia es: Palabra que viene del latín ignominia y hace referencia a la afrenta pública. La etimología del término está relacionada a in-nomen (“sin nombre”) ya que ese es el efecto que causan las acciones deshonrosas que se conocen como ignominias. La ignominia, en definitiva, es una ofensa que se realiza de manera pública y que resulta visible por los integrantes de una comunidad.[W1]
LOS ENGATUZARON Y DE AHÍ LOS ASESINARON Y DESPOJARON DE TODO
Es evidente que los aborígenes del hoy territorio norteamericano de los EUA fueron y han sido objeto de una acción ignominiosa por parte de los colonizadores de las originales 13 Colonias, así como de sus descendientes, pues ellos, los originales habitantes, no obstante sus ancestros ayudaron a los colonizadores a aprender a sembrar sus campos para que produjeran frutos y de esta manera se salvaran de morir de hambre; al tiempo sus descendientes despojaron de todo a los aborígenes ¡Hasta de su cultura! Y los hacinaron en reservaciones, que no son sino sitios ignotos y de tierras pobres con la finalidad de que ahí murieran, amén de la gran matanza que los colonizadores hicieran de los indígenas para apropiarse de todo el territorio que estos habitaban. En síntesis, lo que ayer festejaron los norteamericanos no fue sino una acción, no de gracias, sino de la más absoluta ignominia al haber finalmente asesinado y arrojado a reservaciones insalubres a los sobrevivientes de tales matanzas, así como también haberlos
embrutecido con el suministro de aguardiente a los jefes de las diversas tribus con la finalidad de degradarlos y embrutecerlos con el fin de despojarlos de todo y no ofrecieran resistencia de ningún tipo.
SIN DUDA ALGUNA MI CUATE MAQUIAVELO NO ERA TONTO
Con este hecho se viene a confirmar lo dicho por Maquiavelo de su libro de “El Príncipe”, en donde escribe que “aquel príncipe que ayuda al engrandecimiento de otro está cavando su propia tumba”. Por lo que por extensión se puede aplicar a cualquier individuo o grupo que ayuda al encumbramiento de otro u otros: está contribuyendo a su propia destrucción. Y de eso no da muchas muestras la Historia Universal. Y lo que sucede con los colonizadores cuando los indígenas les enseñan a sembrar maíz y alimentar a sus aves de corral, es eso, su propia destrucción como pueblo al favorecer a otros, que en principio llegaron a invadirlos.
Y así fue y así les fue a los indígenas del territorio norte de nuestro país.
FUE DEBUT Y DESPEDIDA
Incluso cuenta la historia que al año de haberse llevado a cabo la acción de la enseñanza de la siembra por parte de los indígenas a los colonos, los primeros volvieron cargados de comida y los colonizadores con lo cosechado prepararon un gran festín y de ahí queda instituida esta festividad, pero, no creo equivocarme al pensar que todo fue debut y despedida, porque al segundo aniversario los colonos debieron ya sentirse los dueños de todo habiendo despojado a sus “salvadores” y desde ahí solo festejan la tal acción de gracias sin la presencia de los indígenas. Pues miren que jamás aparece en cena alguna de los tiempos presentes y pretéritos aborigen alguno. Que dicho sea de paso, éstos no tienen nada que festejar, salvo que en un acto deliberadamente masoquista se dedicaran a festinar el despojo de que fueron objeto por parte del hombre blanco al que salvaron de perecer de inanición.
EL MALICHISMO EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN
Pero en fin, lo más lamentable de este asunto es que en nuestro país, así como ya hay familias que en determinados fraccionamientos sacan a sus niños a pedir dulces el 31 de octubre, también ya andan festejando la Cena de Acción de Gracias ¡Háganme el refabrón cavor! Nos están dando hasta por debajo de la lengua y ahora emulamos las festividades gringas. Incluso en algunos restaurantes sirven el “turkey” y relleno para mayor desgracia. Cuando qué nuestro guajolote enchileanchado, amén de supremamente exquisito, es nuestra mejor referencia al arte culinario nacional navideño ¿A poco no?

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