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Del Cajón

Publicado 03 noviembre 2017 el 03 de Noviembre de 2017

por

Por Julio Fentanes


 
 
¿Qué hacemos por los vivos?

Ya se acabó el 2 de noviembre y con él las fiestas de Todos Santos y Fieles Difuntos, o de Día de Muertos del 1 y 2.
Incluye desde luego la copia pirata del “jalowin” gringo, que por divertida, absurda y asquerosa – por aquello de los disfraces asquerosos, sangrientos, sangrantes y sanguinarios de personajes que se recrean en ese día-, los mexicanos adoptamos el 31 de octubre y algunos desde el día 30.
Esta fiesta de muertos no es menor, de hecho, es tan importante que es día de fiesta nacional y se paralizan todas las actividades públicas y muchas privadas.
Los panteones se abarrotan de gente.
Muchas familias acuden únicamente este día, para hipócritamente limpiar la tumba de sus parientes muertos, llevar flores, otros bailan, cantan, hacen día de campo, se cocinan incluso platillos típicos de la temporada, en las escuelas no faltan los concursos de altares, las instituciones públicas hacen los suyos, etc, etc, etc, etc… y un larguísimo etcétera.
Incluso ahora con las redes sociales, hay chicas sexys que no pierden la oportunidad de tomarse fotos encima de las tumbas y subirlas para llamar la atención, tratando de suplir la pobreza de espíritu que tienen.
Hay sitios turísticos donde este es el único día de todo el año donde la gente abarrota los hoteles, restaurantes y desde luego los panteones.
Recientemente las catrinas y los catrines del famoso grabador Posadas se ponen de moda, después de los sanguinarios disfraces de muertos vivientes y otros simulando cualquier tipo de fierro atravesado en cualquier parte del cuerpo, al siguiente día, lo que quedó de maquillaje lo utilizan para pintarse la cara de blanco, un surco negro alrededor de los ojos y simular bosquejos de calaveras: son las catrinas que inmortalizó Posadas como parte de una crítica social en un mundo donde se destruía la poca humanidad.
En fin, que hay toda una parafernalia consumista y de pujante marketing en rededor del Día de Muertos y del “jalowin” pirata.
Pero también debería ser momento para reflexionar más allá de la muerte que es parte de la cultura mexicana, desde muchos siglos antes que los españoles llegaran a América y los gringos importaran estas costumbres europeas:
¿Qué hacemos por los vivos?
Hay cualquier cantidad de frases y pensamientos atribuidos a mucha gente, donde critican que los mexicanos celebramos a la muerte, pero olvidamos a los vivos.
Y hay mucha razón.
¿Por qué llevan flores al panteón?
¿Las llevaba a ese ser querido o cuando menos pariente cuando estaba vivo?
Entonces, para que la farsa de llevarlas ahora…
¿Por qué visita la tumba de sus parientes en estos dos días del año?
¿Lo visitaba cuando vivía? ¿También le llevaba mariachis y hacía fiesta? ¿Invitaba a comer a esa persona hoy muerta cuando todavía respiraba? ¿Y entonces porqué hace platillos especiales en estos días?
Ese es el problema que enfrentamos en estos tiempos: la falsedad, la hipocresía, el vivir de las apariencias y el que nos valga un comino lo que pasa en nuestra familia, ya no digamos en nuestra comunidad.
Si entendiéramos que hay que ayudar a la familia realmente en tiempos de crisis, que hay que apoyar a los que sufren, que hay que atender a quienes necesitan no solamente de limosnas, ni de un plato de sopa dada por caridad de lo que nos sobra, sino para darle esperanza al prójimo, seguramente estaríamos contribuyendo a tener un mundo mejor. Si entendiéramos realmente que la familia es la base de la sociedad y lo practicáramos, no habría tantos colectivos ciudadanos buscando a sus hijos ejecutados.
Seguramente no lamentaríamos la pérdida de un ser querido, cuando en vida le dimos lo mejor que teníamos.
¿O no?
Justo ahora que nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país, se lo están llevando entre las patas la impunidad, la corrupción, la indiferencia como modernos jinetes del apocalipsis, es cuando tenemos que ser valientes y buscar la forma de regresar a los valores que antaño teníamos, los que nos inculcaron los abuelos y nuestros padres.
La celebración de Día de Muertos, más que ser una ocasión para gastar, tiene que ser una oportunidad de ser mejor, de recuperar los valores perdidos y de apostar por la esperanza de los vivos, destruir a los modernos jinetes del apocalipsis.
Pero todo eso, se hace en vida hermano, en vida.
Muertos, sólo para pintarse la cara de catrinas y comer tamales y pan.

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