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Cambian mujeres por animales

Muchas parejas que hoy ya son ancianos, fueron matrimonios arreglados, donde la familia del hombre tenía que aportar animales y hasta dinero para otorgar el consentimiento

Publicado 11 noviembre 2017 el 11 de Noviembre de 2017

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En Soteapan

Esta actividad prevalece en algunas comunidades localizadas en las faldas del Cerro de Santa Marta y San Martín

El Dictamen /Redacción / SAN PEDRO SOTEAPAN, Ver. Algunas comunidades localizadas en las faldas del Cerro de Santa Marta y San Martín continúan rigiéndose por usos costumbres. En lugares popolucas como Buena Vista y Tulim, pertenecientes a San Pedro Soteapan, dos de cada 10 mujeres son intercambiadas por animales o dinero a petición de los padres. De acuerdo a los pobladores, estas prácticas tienen su origen hace miles de años, cuando las mujeres no tenían ningún derecho y estaban a merced de los padres.

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Muchas parejas que hoy ya son ancianos, fueron matrimonios arreglados, donde la familia del hombre tenía que aportar animales y hasta dinero para otorgar el consentimiento. Aunque en la actualidad cada vez son más las mujeres indígenas que estudian la preparatoria o incluso una carrera universitaria, aún es grande el porcentaje de marginación y muchas mujeres tienden a casarse a temprana edad.

Después de los 16 años, una jovencita tiene que casarse, pues rebasar los 20 años de edad significa la posibilidad de no encontrar esposo y poder formar una familia. Situación que las orilla a ser partícipes de negociaciones de sus padres con algún pretendiente.

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“Anteriormente se daban más casos de intercambio o de la venta de mujeres o muchachas, ahorita ha disminuido, pero no puedo quedar fuera, en dos de cada 10 existe esa costumbre de poner en venta a las muchachas menores de edad, muchos lo hacen bajo la mesa o bajo el agua, ese caso se ha estado dando. Mayormente es el dinero porque es poco visible y se puede hacer en algún lugar donde nadie se de cuenta” explicó el agente municipal de la comunidad de Buena Vista, Fernando Jiménez García. Ni el noviazgo conocen; basta con cumplir acuerdos Andrés Cervantes y Maribel García se juntaron hace tres años y hoy tienen un bebé. Su relación comenzó cuando él trabajaba como chofer de los mixtos rurales y ella estudiaba. Nunca intercambiaron más palabras que un hola y el nombre de cada quien.

Posteriormente, Andrés investigó su domicilio y con un padrino fueron a pedir la mano de la joven. La muchacha lo rechazó tres veces pero la cuarta ocasión aceptó la presentación donde se fijarían los “acuerdos” del enlace nupcial. La tradición marca el intercambio de una res, dos cerdos y 10 pollos asados.

“El novio tiene que cubrir todos los gastos de la familia, si el novio no quiere gastar pues no hay nada, y se termina la relación, para que haya boda el novio tiene que cumplir con los acuerdos del papa”, explicó Maribel García. Aunque la ley prohibe la trata de personas y venta de mujeres, se sabe que incluso algunas jovencitas salen del municipio a trabajar a las ciudades y los padres reciben un recurso económico.

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