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“TE VI SIN QUE ME VIERAS”

Siempre que se trate de comprender la idiosincrasia de un pueblo debe referirse al devenir de su cultura popular y es ahí donde no más de un puñado de referencias icónicas dan contexto a la identidad de su gente.

Publicado Hace 21 días el 18 de Noviembre de 2017

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Por: Mtro. Luis Fernando Ruz Barros

“Amorcito corazón yo tengo tentación de un beso”

No había una tarde de fin de semana que llegara a casa de la Tía Marusa buscando chocolates y pistaches y en la que no encontrara el sonido de la televisión con volumen suficiente como para escuchar desde cualquier área donde estuviese la inconfundible calidad vocal, de textura media y cadenciosa, del que años después descubrí como ídolo de las masas.

Siempre que se trate de comprender la idiosincrasia de un pueblo debe referirse al devenir de su cultura popular y es ahí donde no más de un puñado de referencias icónicas dan contexto a la identidad de su gente.

Tierras Sinaloenses lo vieron crecer, tercero de catorce hermanos, Pedro Infante Cruz estaría cumpliendo cien años el día de hoy. Testarudo y orgulloso, pero empíricamente talentoso, Pedro se destacó muy pronto de su generación por la inmediatez de la conexión que generaba con el espectador, muchas veces representado su cotidianeidad otras tantas siendo un modelo aspiracional.

¿Quién no ha cantado Amorcito corazón? ¿Quién no ha bromeado con el grito de “Torito”? o ¿quién no se ha conmovido con las tragicomedias que viven varios de sus personajes cinematográficos? Salvo los “Milennians”, muchos podrán verse identificados de alguna u otra forma con el Ídolo de Guamúchil.

Así como fue Juventino Rosas también fue Charro, incluso un oficial motociclista, virtuoso en la interpretación su carrera cinematográfica no pasó desapercibida para la crítica internacional ya que por su participación en “Tizoc” de 1956 cuando obtuvo el “Oso de Plata” en el Festival de Cine de Berlín.

Infante manejaba con peculiar destreza la dualidad interpretativa ya que no sólo realizaba papeles de “bueno” sino que también tuvo impacto en la antropología social aún actuando de “villano” como cuando realiza el papel de un peligroso bandido, quien atraca a los ricos, pero es noble con los pobres.

Así pues, a los más fervientes admiradores que muchos años después de su muerte realizaron investigaciones serias y otras no tanto donde lo ubicaban retirado en los alrededores de la sierra tarahumara o paseando de incognito por las noches en Garibaldi, el ídolo podrá decirles este y los próximos cien años, -Te vi sin que me vieras-.

 

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