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Una noche de ficheras en Veracruz

El concepto de ficheras (antes se les llamaba pastillas) viene de los burlesques de los años 30´s y 40´s. Luego el cine erótico italiano de los años 50´s lo retoma y de ahí el cine mexicano que fue el que más lo popularizó.

Publicado 02 noviembre 2017 el 02 de Noviembre de 2017

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El concepto de ficheras viene de los burlesques de los años 30´s y 40´s.

Isis Zavala/EL DICTAMEN

Calor. Mucho calor, no sé si porque somos costa, porque estamos en Veracruz o porque los ánimos y el baile así lo provocan. Una noche de Ficheras en el puerto.

El concepto de ficheras (antes se les llamaba pastillas) viene de los burlesques de los años 30´s y 40´s. Luego el cine erótico italiano de los años 50´s lo retoma y de ahí el cine mexicano que fue el que más lo popularizó.

Voy, me preparo, trato de no incomodarlas, pero enseguida se presume un ambiente jocoso lleno de risas, un poco de desdén y por supuesto ganas de que se note su trabajo.

No tienen pena. Esa se quedó atrás cuando decidieron acompañar a los caballeros que dentro de un cachondeo conversacional tratan de atraparlos para que les inviten una bebida, que para efectos de ocasión hablamos de una cerveza.

Rubias con L’Oreal No. 5, pero eso que importa. Pelo negro, una dice que los chicos le llaman la Amanda Miguel, jóvenes, otras no tanto, sin embargo, eso no se nota detrás de un antifaz y un atuendo rojo que deja ver lo que usted quiera ver. Se pasean y desfilan seguras por los pasillos, convencidas que con tan sólo una mirada ellos van a caer en sus brazos, una frase al oído basta para que los hombres ávidos de plática y de atención les ofrezcan bebidas y éstas a cambio les den un poco de su amor.

-Y ¿qué les dicen los hombres cuando vienen?

Que quieren despejarse del trabajo, que en su casa no los entienden, que sólo están con su mujer por sus hijos. Nosotras sólo decimos: Sí, sí pobrecito.

Es un buen intercambio de mentiras, dónde la soledad se ensordece cuando se escucha el grupo arriba del estrado tocando canciones que ponen a bailar a cualquiera. Son 20 pesos la pieza, en caso de que el caballero no quiera invitar ninguna “chela”. Son 100 pesos por cerveza y mucha emoción de ellas cuando lo logran atrapar y pueden quedarse a platicar.

Iván es mesero. Y también dice que le ha tocado algunas damas que le preguntan ¿a cuánto la bailada? Y ni modo de resistirse o hacerles “el feo”. Se la rifa, entra al quite y las ficha también. Porque dice él, aquí viene de todo. “Eso sí (comenta Iván) si me piden que me vaya con ellas, ahí si no”.

-“Están hermosas, hermosísimas“, dice uno de ellos mientras cinco más que le acompañan se paran de la mesa enseguida que me ven. Les pregunto si tienen algún compromiso para no tomarles su cara, y los cinco me dicen que sí. Sólo uno comenta: “No hay pedo (sic) yo ni soy de aquí“. Y enseguida dos chicas llegan de cada lado a hacerle compañía.

¡Oye bailan muy bien! Yo ya me andaba emocionando, pues cómo no si noche a noche la práctica hace al maestro. Y ellas noche a noche dicen sentirse admiradas por ellos y ellos noche a noche sienten que hay alguien que les escucha. ¿Pretextos? No sé. Pero parece un intercambio justo de mentiras que ocultan más que un simple antifaz.

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