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“Pero anoche en la playa”

Pero, esta remembranza viene a colación porque de alguna manera ayer platicando con un sobrino me vino a la memoria la anécdota de un amigo de la época de preparatorianos...

Publicado 05 octubre 2017 el 05 de Octubre de 2017

por

Lic. Guillermo Ingram

El título forma parte de la letra de una canción del tiempo de la prehistoria o, no recuerdo si incluso es el título, pero era una muy buena canción sobre una pareja que se había enamorado en una noche playera. Me trae muy gratos recuerdos porque eran los tiempos en que se podía ir en excursión noctámbula a Mocambo con guitarras, pomos y toda la flota, incluidas las amigas. Y no había tos de ninguna clase, incluso nosotros las llamábamos “lunadas” aunque no hubiese luna  ¡Era padrísimo! ¿Hoy? ¡Salvo que poseyera uno espíritu kamikaze!

¡TODO CAMBIÓ Y TODO SE DESBARATÓ!

Pero, esta remembranza viene a colación porque de alguna manera ayer platicando con un sobrino me vino a la memoria la anécdota de un amigo de la época de preparatorianos, cuando los maestros eran la máxima autoridad en el salón y no se les podía replicar nada, so pena de terminar en la Dirección del plantel con la más absoluta seguridad de ser expulsado del colegio ¿Hoy? ¡Nombre! Son los profes los que pueden ir a terminar en la Dirección y de ahí al fresco bote por la violación de los Derechos Humanos del salvaje ¡Perdón!, alumno que se queje de cualquier agresión por parte del mentor.

“¡AHORA LÁRGATE, ERES UN IDIOTA!”.

No doy nombres para no incomodar a nadie, pero, esto fue en la prepa. Del amigo de la anécdota hoy es un laureado ingeniero y ejemplar abuelo. Por lo que no se vale dar nombres. Resulta que todavía me tocó en el primer año los exámenes con “fichas”. O sea, le daban a uno una lista de preguntas a estudiar y sacaba una “ficha”, de un recipiente y en ella venía la pregunta a responder. Y como eran muchas preguntas en la lista, no todos lograban responder todas y muchos sólo iban a la tácita lotería, o sea, a que Dios los ayudara y sacaran una de las pocas preguntas que se sabían. Pues mi amigo sacó una que no se sabía, y como el maestro ya era un anciano cuya vista era muy pobre, tenía a una compañera que le auxiliaba con la lista. Al comenzar la examinación de mi amigo, el maestro se percató que no sabía la “o” por lo redondo y le dijo: “¡Basta!, no sabes nada. No estudiaste ¿Verdad? ¡Estás reprobado!”. Y el maestro procedió a preguntarle su nombre para que la compañera al cargo de la lista lo buscara y anotara la calificación correspondiente. Al dar mi amigo el nombre, el maestro lo identificó rápidamente como el nieto de un colega suyo y le dijo: “¡Ah! Eres nieto de mi dilecto colega “fulano”, muy bien”. Volteando hacia la chica de la lista le dice: “Hija, no lo vamos a reprobar, ponle un 6”. Y volviendo con mi amigo le dice: “Y ahora ¡Lárgate! ¡Eres un idiota!”. Excuso decirles todo el grupo rompió en carcajadas y no pasó nada en el salón. El recién salvado casi huyó despavorido del salón todo él orgullo y ahí narró la forma en cómo había aprobado milagrosamente el examen.

ERA EL COMPAÑERO MÁS FELIZ DEL DÍA

No estaba “traumatizado” y mucho menos temeroso o apabullado y la “flota” lo arropó como casi todo un héroe quien había salvado el pellejo gracias al apellido de su abuelo ¿Hoy? Para empezar, el maestro jamás hubiese llegado a dar clases a tan avanzada edad y los chamacos ya lo hubiesen matado de un disgusto.

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS SEÑOR DON SIMÓN!

Pero, de todas esas anécdotas está tejida nuestra vida de secundaria y bachillerato, en donde no existía el bullying y cada quien se sabía defender o esquivar las crisis. Viendo hoy en retrospectiva estas experiencias, realmente son hasta conmovedoras, pues además, los padres ni iban a la escuela y ahí mismo en el plantel se arreglaba todo entre maestros o alumnos ¿Psicólogos? ¡Jamás! Creo ni existía aún tal profesión tan famosa, cuanto necesaria que se ha hecho hoy. ¿Cuándo cambió todo? ¡Lo ignoro!, pero eso sí, los maestros sabían y sabían mucho y muy bien.

SOLO FALTA DEN CLASES POR CELULAR

No los podía uno evadir, además, eran un ejemplo a seguir. Pero, como les he contado me dijera una vez una maestra cuando fui al velorio de mi profesora de cuarto año de primaria, cuando le pregunté a qué se debía que los educandos ahora eran tan terribles, me dijo la profesora: “¡Ay, Ingram!, cuando ustedes fueron a la escuela de sus casas enviaban niños educados ¡Hoy a la escuela llegan puros salvajes!”. En lo cual coincido con la profesora. Pero, en fin, quería compartir un poco de aquella añorada época de felices horas vespertinas y nocturnas cantando al son de la guitarra en la playa y de los despreocupados días escolares.

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