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Consecuencias del fin del TLCAN

Así que no deben extrañarnos los fracasos de las rondas de revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que se realizan a petición de Trump, ni las amenazas de su probable terminación.

Publicado 20 octubre 2017 el 20 de Octubre de 2017

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Tendríamos la gran ventaja de reconocer nuestra realidad

Dr. Armando Rojano Uscanga

Donald Trump, el Presidente de los Estados Unidos, es experto en negociaciones, como lo demuestra su libro “El arte de la negociación”, escrito con Tony Schwartz, escritor consagrado y columnista de The New York Post, del Newsweek, del The New York Times, del New York Magazine y de Esquire , a quién robó la fama de la autoría, pues todos lo acreditan a Trump, que predica con el ejemplo de miles de acuerdos ventajosos. Lo mismo hizo, Trump con los libros que “escribió” con Robert Kiyosaki, quién no sólo aceptó que se colgara de su fama, sino que llegó a decir: “Donald Trump es mi padre rico”.

Así que no deben extrañarnos los fracasos de las rondas de revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que se realizan a petición de Trump, ni las amenazas de su probable terminación. Difícilmente podremos estar peor de lo que estamos, y si a ellos no los benefició a nosotros menos, pues sólo fue una ilusión más, en cuyo nombre sacrificamos el poder adquisitivo de nuestros trabajadores, con la promesa de empleo, aunque fuera mal pagado. El probable fin está en la mesa. Las renegociaciones del acuerdo entre México, Estados Unidos y Canadá han llegado hasta una cuarta ronda, pero en esta última etapa se han percibido tensiones. Nos representa el Secretario de Economía, Ildefonso Guajard, que salió de la última ronda diciendo que los otros socios envidian la coordinación mexicana Gobierno-Iniciativa Privada.  Por su parte, el representante de Estados Unidos, Robert Lighthizer se dijo decepcionado y Chrystia Freeland de Canadá declaró que no se puede acordar cuando alguien piensa “el que tiene que ganar soy yo”, en referencia a la intenciones de la Administración Trump.

Pero la prudencia obliga a empezar a pensar en las afectaciones económicas que tendría nuestro país ante el fin del TLCAN.  Para empezar el proceso de extinción no sería inmediato, como no lo fue su implementación, y Trump no es tan autónomo como piensa, pues su Congreso y las Cortes (ante la avalancha de demandas de organismos empresariales) se opondrían; el Producto Interno Bruto caería, pero ya estamos acostumbrados; el tipo de cambio con el dólar volvería a los 22 pesos, a lo cual ya sobrevivimos antes; la Bolsa de Valores sufriría, pero como antes se repondría; y tendríamos que pagar y cobrar impuestos al comercio exterior, pero ya lo hicimos antes. Pero tendríamos una gran ventaja: reconocer nuestra realidad, y vernos obligados a ser más productivos, el gobierno tendría que implementar políticas de industrialización (como China), y a diversificarnos, mirando hacia otros mercados (como antes), comprando a quiénes se nos antoje y vendiendo a quiénes paguen más. Hicimos mal en ver a rivales como socios.

 

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