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La verdadera “Startup Story” de la Dra. Bianca Cerqueira

Publicado 26 octubre 2017 el 26 de Octubre de 2017

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La familia de mi padre es del occidente de Tejas. Mi abuela paterna se casó a los catorce años y abandonó sus estudios en el séptimo grado. Ella era de un pequeño pueblo llamado El Dorado. Su madre enviudó joven con ocho hijos y en la pobreza, por lo que los hijos necesitaban casarse muy jóvenes. Eventualmente mi abuela regresó a estudiar y fue entonces que trabajó como una LVN. Mi abuelo paterno era de San Angelo y solo estudió hasta el undécimo grado y terminó vendiendo zapatos. Mi padre, el más joven de cinco hijos, recibió una beca ROTC del Ejército para ir a la universidad. Esa beca y luego estar comisionado en el Ejército le ayudaron a avanzar en sus estudios y a ver el mundo de fuera de su comunidad local.

Los padres de mi madre eran de Nuevo León, México. Los dos venían de familias con educación. Mi abuelo se recibió de ingeniero químico de la Universidad de Nuevo León en 1954. Los dos emigraron a Tejas en 1959 y unos años más tarde mi mamá nació en Tejas. Cuando mi mamá estaba en primaria, mis abuelos se divorciaron y mi abuela fue de nuevo a la escuela a sacar su diploma de la universidad y luego su maestría en educación de la primera infancia. Después fue maestra en un kindergarten durante 30 años. Pienso que dada su experiencia como mujer divorciada, mi abuela se empeñó en que sus hijas completaran la universidad, tuvieran una carrera, y no tuvieran que depender del marido para tener seguridad económica.

Durante mi niñez fui a quince escuelas diferentes antes de entrar a la universidad. En mis últimos tres años de secundaria en Rockville, Maryland, estuve en un medio ambiente muy académico. Prácticamente todos los que nos graduamos fuimos a la universidad. En mi escuela no se trataba de quién iría a la universidad sino a qué escuela de la Ivy League entrarían. Me registré en cursos AP y en algunos cursos del Community College, así que para cuando entré a la universidad ya tenía 29 créditos de mas, un promedio de 4.3 (GPA), y toneladas de actividades de extra-curriculares. Estoy segura que hubiera sido una muy buena candidata para una universidad Ivy League pero no me registré en ninguna. ¿Por qué? Porque no quise que la gente dijera que entré ahí por ser Hispana (implicando que no me lo merecía). Ahora me arrepiento de no haberme registrado. Fue estúpido de mi parte estar preocupada por lo que la gente diría de mi pero el temor a que otros me juzgaran afectó mi comportamiento.

Bianca Cerqueira durante su graduación junto a la familia.

Cuando estaba en secundaria fui a un campamento de ingeniería en una universidad del midwest. En el grupo de sesenta jóvenes había siete mujeres y tres estudiantes Hispanos. Yo era la única Latina. La única. Durante mi bachillerato en la Universidad de Maryland, con una beca completa, escogí Física como campo de estudio principal y asistí a un curso de orientación en el verano. Yo era la única mujer en todo el grupo de cuarenta personas en los cursos de orientación en física y matemáticas. Me sentí aislada y pensé, definitivamente no puedo hacer esto yo sola… ¿cómo voy a hacer amistades?Así que cambié mi major a Biología.

Cuando comencé la escuela graduada quería estudiar ingeniería de “tissues.” Había un estudiante en nuestro programa que estaba trabajando en esa misma especialidad de la ingeniería y el tema me pareció realmente genial. Por lo que consulté con algunos profesores la posibilidad de entrar a ese proyecto. Me dijeron que no podía porque no era una M.D., lo acepté y pensé: “ah, ok, entonces buscaré otra cosa”. Ahora con más experiencia simplemente no aceptaría, “no, no puedes hacer eso.” Averiguaría mucho más el por qué ellos piensan que no puedo hacer algo e investigaría más si realmente es verdadero.

Sin detenerme, me metí rápidamente al programa de PhD de ingeniería biomédica. Ahí conocí a la compañera fundadora de mi/nuestra iniciativa NovoThelium. Su nombre es Lauren Cornell. Estábamos trabajando en el mismo laboratorio y nos hicimos buenas amigas. Tomábamos el té juntas y un día platicamos sobre cómo usar la ingeniería de “tissues” para desarrollar una solución mejor a la reconstrucción del pezón después de haber sufrido cáncer de pecho. Eventualmente llegamos a un plan de des-celular los “tissues” del pezón humano para que de esa manera el paciente pudiera regenerar el pezón haciéndolo con sus propias células después de una mastectomía.

En esos momentos sabíamos muy poco de cómo iniciar un negocio o cómo comercializar productos médicos. No sabíamos por dónde empezar. Pero teníamos un amigo que estaba en nuestro programa de graduados y él había comenzado una compañía que hace con la célula madre la base de una terapia para mascotas. Entonces pensé, “¿Él comenzó una compañía, nosotros podemos hacerlo también?” No había nada que nos detuviera. Así que Lauren y yo decidimos hacerlo juntas. Nuestra mayor lucha fue encontrar un laboratorio para hacer nuestros experimentos. No teníamos dinero y nadie nos tomaba en serio sin embargo, tuvimos la buena fortuna que alguien quiso donarnos $40,000 para nuestros inicios y eso realmente nos ayudó para comenzar el proyecto, para ordenar los “tissues” y empezar a mostrarle a la gente nuestra data.

Me casé con David en 2011. Él es un trabajador social e investiga casos de abuso para los Servicios de Protección al Adulto. Fuimos a escuelas de secundaria en Maryland que eran rivales y su mejor amigo vivía en mi mismo dormitorio en mi año freshman de la universidad. Comenzamos el noviazgo cuando éramos sophomores. Él se fue a la Universidad de Bath en Inglaterra así que llevamos una relación de larga distancia durante tres años. Cuando nos graduamos de la universidad, los dos nos cambiamos a San Antonio para estar cerca de mi familia. El primer año que estuvimos ahí el vivió con mi abuela y la ayudaba en la casa. ¡Tú sabes muy bien quién verdaderamente te quiere cuando se cambia al otro lado del país y vive con tu abuela! Él es un gran compañero y realmente me apoya… No podría hacer todo esto si no tuviera su apoyo. ¡Él no piensa que estoy loca cuando hablo todo el santo día de pezones!

Cuando tenía veintiséis años en la escuela graduada me diagnosticaron infértil. Toda mi vida pensé en ser mamá así que estaba devastada de pensar que no lo sería. Sin embargo, mis doctores tenían un plan de acción por lo cual estaba yo muy contenta de iniciar los tratamientos. Estaba demasiado optimista esperando que quedaría yo embarazada en el primer ciclo. No sucedió… me consumía verdaderamente cuando el ciclo de los tratamientos pasaban y pasaban sin éxito. Era en lo único que yo pensaba. Pasaba horas y horas enteras buscando métodos de tratamientos en los libros de literatura científica. Estaba decidida a tratar cualquier cosa — no cafeína, más piña, yoga para la fertilidad, acupuntura para la fertilidad, nada con plástico, productos de belleza sin perfumes para evitar químicos disruptivos de endocrinos — todo lo hice. La parte más dura a cerca de los tratamientos de fertilidad es que cada ciclo te proporciona tanta esperanza de lo que pueda traerte. Entonces cuando el ciclo no resulta tienes que regresar a la realidad para comenzar nuevamente. Durante esta época mi prima se embarazó. Deseaba estar contenta por ella, y lo estaba, pero fue demasiado para mi y lloré durante días enteros. Para ayudarme con la pena que traía me puse a coser cobijas para bebés. Puse toda mi energía en algo productivo que quizá en el futuro podría usar y sino podrían ser muy bonitos regalos para mis amigas. Conforme los meses pasaban acabé haciendo gran cantidad de cobijas. Por fin, después de mi noveno tratamiento tuve dos líneas azules. ¡Estaba embarazada! Mi precioso hijo nació en octubre de 2014.

Estar embarazada en la escuela graduada no es nada fácil. Existen preocupaciones normales sobre la exposición que uno pueda tener de químicos u otros materiales en el laboratorio. Pero más que eso, es que todo el tiempo te están juzgando. La gente piensa que no estás tomando enserio tu carrera académica. Después de dos años cuando estaba embarazada con mi hija y continuaba en la escuela graduada todo mundo hacía comentarios como, “¿otra vez embarazada?” No hay nada semejante como presentarte en un taller de SBIR una semana después de la fecha programada del nacimiento. Todos te miran como bicho raro. Cuando mi hija tenía 11 días, hicimos una competencia de nuestro plan de negocios. Una señora me dijo “tú no deberías estar aquí deberías estar en tu casa.” Nada más me reí pero estaba pensando lo importante que era estar ahí para ganar… ¡y ganamos el primer lugar!

Me siento muy afortunada. Viendo hacia el pasado claro que no fue nada fácil el haber estado en quince diferentes escuelas cuando fui niña pero al mismo tiempo era lo único que conocía. Me enseñó a ser flexible en diferentes medios ambientes. Siento que a la larga fue ventajoso para mi. En términos de ser una mujer, una Latina, en el campo de STEM… siempre la gente insinuaba que tendría que hacer algo que tuviera que ver con el sexo para tener éxito en el futuro. Eso me enfurecía… esa micro-agresión verbal lo hacía ver como que la gente no me tomaba en serio. Para luego durante el desarrollo del negocio la gente no nos toma en serio a Lauren y a mí porque somos mujeres y siempre recibimos comentarios como, “Oh necesitan contratar a un CEO y necesitan contratar a esta persona y a estas otras”. Sabemos que tenemos limitaciones, que no lo sabemos todo pero me pregunto si le dicen lo mismo a los hombres como Mark Zuckerberg. ¡¿Alguien le dijo que contratara a un CEO?!”

Lauren y yo acabamos de recibir las buenas noticias que estamos entre las diez finalistas de la competencia del Small Business Administration’s InnovateHer. Hubieron cerca de 250 competencias locales de InnovateHer y las ganadoras de cada competencia fueron consideradas para entrar en los diez principales lugares que competirán en la final nacional. Se llevará a cabo el 26 de octubre en Washington, D.C. y el gran premio es de $40,000. Mi personalidad es de ser muy optimista, muy optimista, así que sé que… NovoTheliumtendrá mucho éxito.

Soy Silicio

Hecho con cariño y esmero entre Los Ángeles y Colorado. Gracias especiales a Intelatin y Juana Vázquez Gómez

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