BUENOS DESEOS

Lic. Guillermo Ingram García 

“Quisiera que las bolsas bajo mis ojos fueran “Luis Vuitton”.

LA HUMANIDAD NO CAMBIA

Y entonces Pilatos preguntó a la multitud: “¿A quién suelto, a Barrabás el ladrón o a este justo?”. El pueblo bramó: “¡A Barrabás, el ladrón!”. Y tras más de 2000 años, el pueblo sigue eligiendo a los ladrones.

Llega a un restaurante un tipo de aspecto finísimo, acompañado de un monumento de mujer y un pingüino detrás de ellos. El tipo de la puerta pregunta: “¿Mesa para dos?”. El tipo dice: “No, para tres, el pingüino viene conmigo”. El mesero se queda sorprendido, pero les da la mesa y ya sentados el mesero pregunta: “Señor ¿Qué desean para tomar?”. Y responde: “A mí me trae una copa de Martell VSOP, un Beaujolais para la señorita y al pingüino cien litros de cerveza”. El mesero se queda desconcertado, pero lleva lo que le piden. Terminan y se vuelve a acercar el mesero y pregunta: “Señor ¿Desean ordenar?”. El señor responde: “Sí, a mi me traes por favor un filete a la pimienta, a la señorita un chateaubriand y al pingüino 200 bistecs”. Cuando terminan el mesero regresa y les pregunta: “Señor ¿Postre?”. Respuesta: “Sí, por favor, a mí me trae un pie de queso con fresas, a la señorita un flan y al pingüino 150 crepas”. Ya terminan, y el hombre pide la cuenta. Llega el mesero con la cuenta: “Señor, son  2,500,000, más la propina”. El hombre paga con efectivo y deja una propina de 400,000. Ya salían cuando el mesero lo detiene y le dice: “Señor, disculpe la molestia, pero es que todo el mundo está atónito con lo del pingüino”. El cliente le dice: “Bueno, déjeme explicarle: Hace una semana iba por la playa y sin querer patee una lámpara y resultó que era mágica, total que me sale un genio y me dice: “Te voy a conceder 3 deseos, pero solo tres”. Y pues, como ves, primero le pedí todo el dinero del mundo, así para pagar una cuenta como esta, no tengo ningún problema. Mi segundo deseo, como puedes ver fue tener a la mujer más buena, sumisa, sexy, guapa y hermosa del mundo”. Y el tipo hace a caminar, pero el mesero dice: “Sí eso lo veo, pero, y el tercer deseo”. Pues el tercer deseo fue que me diera un pájaro enorme e insaciable que siempre estuviera parado ¡Y me dio este pinche pingüino!”.

 

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