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Isla de los Monos, santuario amazónico de primates víctimas de tráfico ilegal

Fundado hace ya 20 años en una de las miles de islas que jalonan el majestuoso cauce del río, este proyecto, enteramente privado, se ha convertido en uno de los principales recursos turísticos de la región

Publicado 30 septiembre 2017 el 30 de Septiembre de 2017

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Los monos que tenemos son rescatados de diferentes lugares y no llegan en buenas condiciones.

El Dictamen/Iquitos. A unos 30 kilómetros de la ciudad de Iquitos siguiendo la corriente del río Amazonas, en pleno corazón de la selva tropical, se encuentra la Isla de los Monos, un auténtico santuario para primates en donde animales víctimas de tráfico ilegal o malos tratos se recuperan en plena libertad.

Fundado hace ya 20 años en una de las miles de islas que jalonan el majestuoso cauce del río, este proyecto, enteramente privado, se ha convertido en uno de los principales recursos turísticos de la región, en donde los turistas son a la vez espectadores curiosos de la vida de centenares de monos en libertad como el principal sostén económico de la iniciativa.

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Solo accesible por lancha y en los momentos en los que la corriente del río lo permite, la Isla de los Monos, de unos 5 kilómetros de largo por 2 de ancho, recibe al visitante con el inconfundible parloteo de los centenares de primates que viven allí y que deambulan e interactúan libremente con los turistas y cuidadores.

Sin miedo, los animales se acercan a los humanos para pedir comida o simplemente para recibir cariño o ser fotografiados con total confianza, en su mayoría plenamente rehabilitados de un pasado de tráfico ilegal y maltrato.

“Mayormente, los monos que tenemos son rescatados de diferentes lugares y no llegan en buenas condiciones. Algunos vienen con perdigones de bala, las piernas “chancadas” (rotas), infecciones, desnutrición, y se les da un poco de rehabilitación para que puedan esta tranquilos”, afirmó a Efe Aníbal Flores, uno de los cuidadores principales del lugar.

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Luego, los primates son liberados en la isla para que vivan libres de jaulas y encierros y en su hábitat natural, con la esperanza de que un día puedan ser devueltos a la selva.

Este proceso, el del regreso a la naturaleza, aún está en pleno desarrollo, ya que persiste el problema de encontrar un lugar seguro en la selva donde queden libres de los peligros como la tala o la caza furtiva que los llevó al centro de rehabilitación en primer lugar.

Además, tampoco parece tan claro que los monos, de hasta siete especies distintas, algunas de ellas en condición de vulnerabilidad ambiental, quieran alejarse mucho de un lugar en donde el alimento está asegurado y son de lejos los reyes absolutos.

Y es que para su comodidad, durante los primeros años de vida de la Isla de los Monos, los responsables se encargaron de plantar árboles frutales en toda la isla, que ahora sirven para alimentar a los animales y complementar las frutas y semillas que los trabajadores del lugar ofrecen libremente, creando un paraíso para los primates.

Entre otras especies, en la isla habitan monos aulladores, monos choros, huapos, titíes, monos araña, pichicos y tocones, así como otros animales como osos perezosos.

La isla es regida por una organización sin fines de lucro que lleva la familia de Gilberto Guerra, su fundador, y gran parte de las labores de cuidado y atención la llevan voluntarios que llegan de todo el mundo a trabajar y vivir entre los monos.

John, de 26 años y natural de Washington, es uno de estos voluntarios que decidió pasar parte de sus vacaciones en el lugar por la simple razón de que le “encantan los monos”.

“Llevo un tiempo de viaje por América Latina y no había visto ningún mono en libertad, así que quise cambiar eso. Busqué en Google y encontré la página web. Me gustó mucho lo que vi y me quedé”, explicó a Efe.

Según señaló, los visitantes que llegan al lugar se quedan en primer lugar muy contentos por el “trato y la libertad” que tienen los monos en la isla, así como “el carácter amigable de estos”.

“Y es que los monos son animales simpáticos, que interactúan y tienen como se dice aquí buena onda”, añadió.

Perú es uno de los países más afectados por el tráfico ilegal de animales silvestres, un negocio criminal trasnacional que según Naciones Unidas mueve entre 8.000 y 10.000 millones de dólares anuales.

Entre 2000 y 2015, fueron decomisados más de 62.000 animales silvestres vivos en el país, que tiene en Iquitos su principal mercado para estos animales, que son vendidos como mascotas o como adornos y recuerdos.

Según el Servicio Nacional Forestal y de Vida Silvestre (SERFOR), por cada mono que es vendido como mascota, otros nueve han muerto durante la cadena del tráfico ilegal.

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