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Una vida espiritual para plantar cara a la sociedad

Se llega a vivir la vida cristiana no como algo habitual sino como algo realmente excepcional.

Publicado 11 septiembre 2017 el 11 de Septiembre de 2017

por

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Se llega a vivir la vida cristiana no como algo habitual sino como algo realmente excepcional. Dentro de las comunidades cristianas hay hermanos que llegan a tomar conciencia de la altísima dignidad de ser llamados a la fe, han tenido una experiencia de encuentro con el Señor y por eso sienten la necesidad de estar más tiempo con Él, de girar en torno a Él, de construir su vida en torno a la fe.

El alma enamorada de Dios siempre quiere más y más, por lo que la oración se va convirtiendo no en una práctica sino en un estilo de vida. La oración se experimenta, por lo tanto, no como un recurso ocasional ni como un momento que quede al margen de la principal orientación de la vida; la oración es la vida misma de aquel que quiere vivir en constante comunicación con Dios.

Nos falta dar este paso, para que la fe no se nos haga algo simplemente habitual sino que llegue a saborearse y experimentarse desde este carácter excepcional. Asimismo, no hemos llegado a probar las bondades y el poder de la oración ya que no la hemos incorporado esencialmente a nuestra vida, sino que la hemos relegado para algunos momentos, sobre todo cuando hay problemas y emergencias.

La oración es esencial para la vida de un cristiano y además es el espacio que nos confirma en la fortaleza y en la fidelidad, en un mundo donde se puede diluir y relativizar la identidad cristiana. Al respecto habría que considerar la vida de los padres del desierto y de todos aquellos cristianos que se fueron al desierto y a la montaña para consagrarse a una vida de oración.

Tomaron una decisión radical como esta porque reconocieron que la vida verdadera se encuentra en el diálogo profundo con Dios, viviendo volcados en su presencia. Sin embargo, su decisión también estuvo relacionada con el rumbo que tomaba la sociedad al margen de Dios.

Reconocieron que de acuerdo a la organización y el rumbo de la sociedad era muy difícil consolidarse en esta identidad cristiana por lo que a través de su decisión de irse al desierto y a la montaña plantaron cara a la sociedad.

Su decisión provocó que otros tomaran conciencia de esta situación y de la necesidad de cuidar con atención la vida espiritual. Citamos esta historia no como una especie de justificación para huir de nuestra realidad sino para plantar cara a una sociedad que de muchas maneras expulsa a Dios de su vida y nos acostumbra al materialismo y al relativismo.

Un estilo de vida basado en la oración, en el cuidado de la vida espiritual y en el silencio nos ayudaría a cimentar nuestra existencia cristiana y a aportar ese sentido de trascendencia que necesita nuestra sociedad.

Un cristiano que cuida su vida espiritual sabe sustraerse de esta vorágine y de este mundo que termina por estresarnos y vaciarnos de espiritualidad. Al cuidar la propia vida espiritual con acciones radicales también se logra cuestionar la vida de los demás, cuando su vida está basada de manera enfermiza en el ruido, las comodidades, los bienes materiales y el relativismo.

 

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