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Empleo doméstico, la esclavitud del siglo XXI

El exceso de trabajo, los salarios precarios seguidos por el abuso, el maltrato, la humillación y la discriminación, son los principales problemas que enfrentan

Publicado 13 septiembre 2017 el 13 de Septiembre de 2017

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*En México, alrededor de 2.2 millones de personas, ejercen el oficio de empleadas del hogar

*El exceso de trabajo, los salarios precarios seguidos por el abuso, el maltrato, la humillación y la discriminación, son los principales problemas que enfrentan

*Guadalupe, sólo tenía 15 años cuando empezó a trabajar en la limpieza de casas y por ignorancia, necesidad o juventud, sufrió de explotación laboral extrema, con un salario precario de 500 pesos mensuales y sin seguridad social

*El Frente Veracruzano por el Derecho a la Vida y por las Mujeres en Veracruz, aseguró que las jóvenes indígenas y las que provienen de rancherías, tienen jornadas completas de trabajo en hogares mexicanos y no tienen derecho a descansar.

Las trabajadoras domésticas, en especial las jóvenes indígenas y las que provienen de rancherías, son un blanco fácil de maltratos y abusos por parte de sus empleadores.
Las trabajadoras domésticas, en especial las jóvenes indígenas y las que provienen de rancherías, son un blanco fácil de maltratos y abusos por parte de sus empleadores.

Flor de Jesús Meza Cano/El Dictamen

Las trabajadoras domésticas, en especial las jóvenes indígenas y las que provienen de rancherías, son un blanco fácil de maltratos y abusos por parte de sus empleadores, sin embargo la explotación laboral extrema, es la que está cobrando fuerza en México, al grado que se ha convertido en la esclavitud del siglo XXI, afectando a 2.2 millones de personas que ejercen este oficio y donde 9 de cada 10, son mujeres.

A nivel nacional, el exceso de trabajo, los salarios precarios seguidos por el abuso, el maltrato, la humillación y la discriminación, son los principales problemas que enfrentan las féminas; y la constante es que nunca presentan las denuncias formales.

En el estado de Veracruz, existe una Ley de Protección para las Mujeres, que no se está aplicando, es decir, las mujeres veracruzanas “se están rascando con sus propias uñas” y siguen desprotegidas ante la trata de blancas, el maltrato laboral, físico, psicológico y la explotación sexual que existe en su contra, ante la inoperancia de los gobiernos federal, estatal y municipal.

La representante del Frente Veracruzano por el Derecho a la Vida y por las Mujeres, Norma Alicia Riego Azuara, aseguró que las jóvenes indígenas y las que provienen de rancherías, tienen jornadas completas de trabajo en hogares mexicanos y no tienen derecho a descansar.

“Se trata de un grupo laboralmente y socialmente desprotegido porque trabajan en el servicio doméstico que no es valorado por la sociedad, el trabajo de la mujer es menos calificado y están doblemente expuestas, no hay proyectos ni de estado ni particulares que pugnen por los derechos laborales de estas personas, sobre todo porque están trabajando por día, horas y jornada y hay personas que abusan teniéndolas toda la semana y sólo les dan un día para salir y están aisladas del mundo, a disposición de sus patrones y eso es un total abuso y muchas de ellas por necesidad, porque vienen de los ranchos y las indígenas, que al dormir en las casas, padecen de discriminación y aislamiento”, comentó.

Entrevistada por EL DICTAMEN, Riego Azuara, lamentó que los Institutos Municipales de las Mujeres y los DIF´s, no cumplan con su función de proteger a las mujeres en general y que sólo sean aparatos políticos, para bajar recursos federales y entregar dádivas a cambio del voto a favor de un determinado partido político.

Norma Alicia Riego Azuara, representante del Frente Veracruzano por el Derecho a la Vida y por las Mujeres.
Norma Alicia Riego Azuara, representante del Frente Veracruzano por el Derecho a la Vida y por las Mujeres.

“Pero también los institutos de la mujer, son espacios que se conceden al igual que los DIF´s que se han convertido en instancias caritativas para bajar y aplicar fondos federales y tener a la comunidad regulada a través de dádivas y se está convirtiendo en una clientela para el voto, una especie de aparato político, donde el estado opera según la conveniencia y no son espacios donde se pueda promover el desarrollo social, que para eso deben de servir”, comentó.

POR IGNORANCIA Y NECESIDAD A LOS 15 AÑOS SUFRÍ EXPLOTACIÓN LABORAL EXTREMA

Guadalupe sólo tenía 15 años, cuando empezó a trabajar de empleada doméstica y a lo largo de 42 años de vida laboral, aseguró que ha tenido buenas y malas experiencias.

Recuerda que nadie la obligó a trabajar, su objetivo era tener su propio dinero para comprarse ropa y zapatos, quizá una manera de ayudar a su abuela, con quien vivió su infancia y adolescencia.

Recuerda que siempre ha estado rodeada de mujeres trabajadoras. En casa fue donde aprendió a ser una mujer autosuficiente, que nunca necesitó de la ayuda de un hombre para salir adelante, al grado que sabe hacer trabajos de plomería, albañilería, ebanista (trabaja con maderas finas y construir muebles de calidad) y hasta es capaz de cambiar su tanque de gas.

Nadie podría imaginar que una persona de menos de 1.50 metros de estatura y un peso ligero de 48 kilos, tuviera la fortaleza de aguantar una jornada laboral de más de 12 horas, es decir, salir de casa por la mañana y regresar por la noche y percibir un sueldo precario de 500 pesos mensuales y sin seguridad social.

Era yo chamaca y me pagaban 500 pesos al mes, lo bueno que no tenía que contribuir al hogar, porque mi mamá fue una mujer muy trabajadora y nunca nos pidió dinero y a la fecha tiene 84 años y nunca nos pide nada“, comentó.

Guadalupe, sin saberlo fue víctima por muchos años de explotación laboral y sus patrones se aprovechaban de su necesidad e inocencia.

Nunca firmó un contrato y mucho menos contaba con seguridad social, a pesar de que el oficio de empleada doméstica representa un riesgo de trabajo, pues muchas veces se accidentó, al limpiar ventanales y escaleras.

Yo empecé de 15 años, mi mamá no podía darnos lo que uno necesitaba como ropa y zapatos y empecé a trabajar y esa fue mi primera experiencia, porque en esa casa donde trabajé, siempre me tenían todo el día trabajando, sufría de explotación laboral, porque como era joven“, comentó.

A la pregunta ¿Cómo te explotaban laboralmente? Respondió, “Cuando trabajas en una casa haces el trasteo que así le llamamos, que es lavar baños, ventanas, sacudir, barrer y trapear, no incluye lavar ropa, planchar y guisar, pero había patrones que querían todo o nada y a veces por tener trabajo, lo haces, hay personas que va uno y quiere que le laven y limpien todo al mismo precio”.

A diferencia de otras empleadas domésticas que sufren acoso sexual por parte de los patrones, Guadalupe se dijo afortunada de no haber tenido ese tipo de experiencias desagradables y se lo atribuye a que siempre vistió masculinamente, pues en su inocencia, era su manera de protegerse.

Siempre me he vestido como hombre, mi pelo siempre lo tenía tipo hombre, o sea corto y agarraba y compraba camisas vaqueras, pantalones de mezclilla, sin nada de maquillaje“, comentó.

En la actualidad, Guadalupe tiene 57 años de edad y está trabajando para una compañía de limpieza, donde cuenta con seguridad social, que goza desde los 23 años, cuando se embarazó de su primer hijo.

Ahí empiezo a tener seguridad social, con sus inconvenientes porque no le dan a uno el seguro enseguida que entra a trabajar, yo la primera compañía que entré nunca me dio seguro, después vino otra y ya entré y a los 5 meses me dio seguro y eso peleándolo“, comentó.

Ahora percibe un sueldo de mil 550 pesos quincenales, que igual no alcanza para nada.

Que me va a alacanzar, no me alcanza para pagar luz y demás servicios, trabajo en un horario de 6:00 de la mañana a las 14:00 horas, si me sale trabajo en alguna casa, salgo de mi turno y me voy a seguir trabajando, en las casas cobro entre 200 y 300 pesos por limpiar, ya no puedo lavar ajeno desde que me dio bronquitis“, comentó.

Guadalupe sigue de pie, ahora se encarga de su mamá que tiene la edad de 84 años, tiene dos hijos que ya hicieron su vida y a pesar de tener casi 60 años de edad, luce sonriente y con una fortaleza física envidiable. Por años fue prácticamente una esclava que por ignorancia, necesidad y juventud, era obligada a trabajar sin descanso; y aunque nunca sufrió maltrato físico, psicológico o sexual, el solo hecho de ser abusada laboralmente, para cualquier ser humano, es suficiente.

 

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