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Más que ofrecer la paz, la fe no nos deja en paz

Queremos experimentar la paz y llegar a sentirnos bien con nosotros mismos.

Publicado 14 agosto 2017 el 14 de Agosto de 2017

por

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Llegar a estar en paz, lograr la armonía interior quizá es una de las principales razones por las que nos acercamos a Dios y vamos a la Iglesia. Queremos experimentar la paz y llegar a sentirnos bien con nosotros mismos. Sin saberlo explicar o sin reparar en las verdaderas intenciones puede ser que en el fondo lo que busquemos sea encontrarnos con nosotros mismos y no necesariamente encontrarnos con Dios.

A veces buscamos a Dios para experimentar la paz, para lograr el equilibrio interior. Pero tenemos que reconocer que la fe si es coherente “no nos deja en paz”, pues constantemente nos saca de nuestra comodidad, de nuestro egoísmo, de nuestra manera estrecha de ver la vida para ponernos siempre en constante movimiento de entrega y servicio a los demás.

Dios nos concede el don de la paz, pero no una paz entendida simplemente como equilibrio interior, como ausencia estricta de dolor y preocupaciones. La fe cristiana jamás se ha entendido así. Se puede experimentar, desde luego, alegría, gozo y paz interior pero no entendida como despreocupación con lo que otros viven, como falta de conciencia de los problemas del mundo.

En otros enfoques religiosos se propicia mucho pensar que podemos estar en paz y sentir a Dios en la total despreocupación por lo que otros vivan o independientemente de las situaciones del mundo. Por eso más que ofrecer la paz, nuestra fe no nos deja en paz.

Siempre nos está empujando para superar el egoísmo, para salir de nosotros mismos y para luchar por un mundo en que los demás alcancen a vivir su dignidad como hijos de Dios.

Con mucha frecuencia la gente busca experiencias espirituales para sentir el equilibrio interior desde el cual puedan justificar su régimen de vida opuesto a la verdad, a la honestidad y a la justicia.

Poner las condiciones para una verdadera vida espiritual y por lo tanto para encontrarse con Dios desde lo más profundo de nuestro ser nos lleva a desinstalarnos y a romper con el esquema egoísta que nos ofrece el mundo.

La fe nos hace experimentar el gozo y la alegría por la cercanía de Dios, porque su gracia nos asiste y porque nos va llevando de tal manera que experimentamos el amor del Padre del cielo. Pero la fe además de ofrecernos la paz, nos va llevando por un camino de compromiso para hacer presente el evangelio a pesar de las dificultades que puedan sobrevenir.

El ser fieles al evangelio de Jesús muchas veces produce conflictos ya que estamos en medio de un mundo que se mueve por otros criterios, que aprecia otros valores, que razona con una mentalidad que no es necesariamente la mentalidad de Cristo.

 

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