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«El mejor método de oración es no tenerlo…»

Al final pude entender que lo que experimentaba no era envidia sino nostalgia.

Publicado 07 agosto 2017 el 07 de Agosto de 2017

por

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

No hay envidia de la buena, como a veces se dice. Toda envidia es mala. Pero así se llegó a expresar uno de mis fieles al ver el desenlace de la oración del rey Salomón. Al final pude entender que lo que experimentaba no era envidia sino nostalgia. En efecto, sentía nostalgia de que su oración no fuera escuchada ni respondida con la prontitud como Dios respondió a la oración de Salomón.

Frente a las fatigas que pasamos en la vida de oración yo también comparto con mis fieles esta especie de nostalgia que experimentamos al ver los resultados de la oración del rey Salomón. Nostalgia porque también quisiéramos ser escuchados a la primera, porque quisiéramos ver resultados inmediatos de nuestras plegarias, porque a veces pensamos que Dios ya no nos escucha.

Qué nos está faltando, cómo debemos hacer oración, qué tendríamos que cambiar de nuestra manera de hacer oración para que suceda lo que pedimos. De la nostalgia pasamos, pues, a la reflexión para analizar los pasos de la oración del rey Salomón. ¿Cómo pide las cosas? ¿De qué forma se dirige al Señor? Es un relato apasionante donde descubrimos por lo menos tres actitudes en la oración de Salomón.

En primer lugar el rey habla con gran respeto. Todo indica que es plenamente consciente de la enorme distancia que hay entre la trascendencia y majestuosidad de Dios y su propia pequeñez. Ser consciente de esta enorme distancia lo lleva a dirigirse con un marcado respeto al Señor. Hace falta, pues, acercarse con respeto, no con prepotencia como si en el fondo pensáramos que Dios tiene la obligación de respondernos.

Inmediatamente después Salomón muestra su gratitud a Dios. Antes de pedir cualquier cosa siente la necesidad de agradecer al Señor por todos sus favores. Porque cada vez que hacemos oración debemos tener presente que no comienza en ese momento nuestra relación con Dios sino que nos respalda una gran historia de salvación, una historia de amor de Dios volcada hacia nosotros, donde descubrimos todas las bendiciones que nos ha concedido.

Al agradecer, Salomón es consciente de que Dios ha favorecido a su propia familia y si él es rey es por pura misericordia y deferencia de Dios a su padre David. Se siente agradecido por lo que Dios ha hecho en su vida y en la vida de su familia.

Recordar y agradecer los beneficios de Dios es reafirmar la esperanza de que ese Dios que se mostró favorable con nosotros en muchos momentos de la vida, en esta ocasión que hacemos oración volverá a socorrernos. Se ha mostrado de tantas formas que este momento no será la excepción para descubrirlo cercano y misericordioso.

Se acerca, pues, con respeto y muestra su gratitud a Dios. Y con gran humildad pide al Señor sabiduría para gobernar. Dice el libro de los Reyes que a Dios le gustó la oración de Salomón porque no pidió bienes ni glorias mundanas sino sabiduría para guiar a su pueblo.

Incluso con gran humildad se llega a reconocer perdido en medio de un gran pueblo, como si en el fondo le quisiera decir a Dios que tiene miedo de fallar a su pueblo, de traicionar las ilusiones y de no estar a la altura de la encomienda.

Después de una oración como ésta sucede algo verdaderamente increíble, porque cuando se pide lo debido, cuando se pide lo que más conviene, lo que repercute favorablemente en la vida de los otros, entonces Dios concede todo lo demás; Dios responde a las oraciones no expresadas, concede lo que verbalmente no se le pide.

Pedir lo debido, lo que más conviene para nuestra salvación, ¡He aquí la oración que más gusta a Dios! A partir de este ejemplo tendríamos que revisar cómo son nuestras oraciones, con qué actitudes nos acercamos a Dios.

No estoy diciendo que este sea un método de oración. Porque de acuerdo a la sensibilidad moderna a veces quisiéramos que las cosas espirituales también fueran fáciles y accesibles y buscamos métodos para hacer oración.

Santa Juana de Chantal decía: «El mejor método de oración es no tenerlo, porque la oración no se obtiene por artificio (por técnica, diríamos hoy) sino por gracia». Ayudan las recomendaciones, algunos pasos que se puedan seguir como en este caso las actitudes del rey Salomón, pero no podemos pretender que la oración sea fácil teniendo un método, o que con un método podremos enjaular a Dios o atraparlo de tal manera que no tenga otro camino que responder.

Respeto, gratitud y humildad serán siempre aconsejables para hacer oración. Pensando y pidiendo por los demás, Dios se ocupará de nosotros mismos y responderá a las oraciones que no se expresan.

 

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