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Impresiones al vuelo: Siempre Juan Vicente

Publicado 02 julio 2017 el 02 de Julio de 2017

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En días pasados, en la Casa Hugo Argüelles se habló acerca de la obra literaria de Juan Vicente Melo, gloria de las letras veracruzanas. Estuve ahí y con ese motivo ha venido a mi mente la carta que le escribí cuando cumplió 60 años, hizo ya 25 años. Hoy, deseo publicarla en su recuerdo y dedicada a sus sobrinos y a sus sobrinos nietos.

A la memoria de Juan Vicente Melo
Carta abierta a Juan Vicente Melo en su cumpleaños

H. Veracruz, Marzo 1º/1992

Muy querido Juanvi:
Mis propios sentimientos me confunden en este tu especial incumpleaños. Las ideas vagan alrededor de muchos recuerdos -los bailecitos caseros alrededor de la alberca- y uno casi no sabe qué decir.

Vienen a mí las palabras tuyas, aquéllas que atesoro contenidas en una inolvidable dedicatoria, que guardan una íntima relación con el título del libro de Monseñor Fulton J. Shean: VALE LA PENA VIVIR. Pues sí, sí vale la pena, aunque sepamos que nos iremos.

¿Qué no se va?

Tus hermanos, tus papás, nuestra amistad ya de muchas, muchísimas lunas…
Juan Vicente, niño precoz; Juan Vicente, estudiante brillante; Juan Vicente, becario en París enviando sus impresiones a través de ICI PARIS y después e inevitablemente y ante todo, Juan Vicente, escritor. Para mi gusto, según yo, fundamentalmente poeta, díganlo si no, quienes te han escuchado disertar acerca de CUMBRES BORRASCOSAS, una de tus pasiones.

Tu otra pasión, LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO (J.S. Bach), quiero escucharla cuando me vaya definitivamente, al fin y al cabo puede oírse, como tú dices, indefinidamente; pero ahora, hoy, en esta celebración quiero oír a Pérez Prado a cuya memoria hiciste un artículo extraordinario que tiene ritmo de MAMBO, ¡Qué homenaje, Señor!

Yo no creo en eso de la TERCERA EDAD, pero como está de moda nombrarnos así, pues te doy la bienvenida a ella con el espíritu en alto. Vivimos, gozamos de la lectura, de la música, de la amistad, del sol, del frío, del día y de la noche, y a veces… hasta del baile; seguimos pues en pie de lucha. ¿Acaso es otra cosa la vida? Seguimos asomados a la ventanilla del tren de este viaje que es la vida. Nos ha ido bien, ¿no crees?

Ahora que tienes la satisfacción de compartir tus conocimientos, tu sensibilidad, tu horizonte literario en el Taller que lleva tu nombre, recibes constantemente muestras de admiración y cariño por parte de los componentes del Taller; de parte de los que siempre, hemos seguido tus pasos.

Casi, así, que no sé cómo finalizar la presente. Podría ser demasiado larga y los recuerdos no me dejan. Veo la bella sonrisa de tu mamá plena de satisfacción cuando hablaba de ti; evoco los movimientos nerviosos de tu papá tan característicos en él; revivo las noches de arte en tu casa o las cenas familiares cuando venías a pasar las vacaciones y en las cuales el gracejo de Marie daba siempre la nota tonal.
En fin. Tendré que limitarme a decirte, ¡FELICIDADES! Con la esperanza de haber logrado que sientas, más que entiendas, todo lo que estas líneas encierran.

Cariñosamente
Úrsula

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