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LA FÁBULA DEL PERRO

El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró a toda prisa el negocio.

Publicado 23 julio 2017 el 23 de Julio de 2017

por and

Un carnicero estaba a punto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trató de espantarlo pero el perro volvió. Nuevamente intentó espantarlo pero entonces se dio cuenta de que el animal traía un sobre en el hocico. Curioso, el carnicero cogió cuidadosamente el sobre el hocico del perro y lo abrió, en su interior encontró un billete de 500 pesos y una nota que decía: “¿Podría mandarme con el perro un kilo de carne molida de res y medio kilo de pierna de cerdo?”.  Asombrado, el carnicero tomó el dinero, preparó el pedido y luego colocó la carne molida y la de pierna de cerdo en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó el cambio. El perro empezó a gruñir y a mostrar los colmillos. Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete de quinientos en la bolsa el perro se calmó, cogió la bolsa en el hocico y salió del establecimiento.

El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró a toda prisa el negocio. El animal bajó por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardó con la bolsa en el hocico a que la luz se pusiera en verde para poder cruzar. Luego atravesó la calle y caminó hasta una parada de autobús, con el carnicero siguiéndole de cerca. En la parada, el perro vio llegar un autobús, se fijó que no era el correcto y siguió esperando hasta que llegó otro autobús. Cuando vio que era el correcto, subió seguido muy de cerca por el carnicero.

El carnicero, boquiabierto y asombrado, observó que el can, sentado muy propio en un asiento, miraba por la ventana con atención, como tratando de reconocer el lugar donde debía bajarse del autobús. De repente, el can se incorporó en el asiento, tocó el timbre para descender, siempre con la bolsa en el hocico.

Perro y carnicero descendieron del autobús en la parada que había elegido el perro y caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta e irguiéndose nuevamente sobre sus patas traseras oprimió el timbre de la casa varias veces, pero nadie salió a abrirle la puerta para recibirlo.

Repitió la acción varias veces, pero nadie respondió en la casa. En el colmo del asombro, el carnicero observó al perro tomar la bolsa con su hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una vez allí, ladró y tocó con las patas en el vidrio varias veces sin soltar la bolsa; luego regresó a la puerta.

En ese momento, un hombre sumamente encabronado abrió la puerta ¡Y comenzó a golpear al perro con una chancla! El carnicero corrió hasta donde estaba el hombre golpeando al perro para impedirlo, diciéndole: “¡Por Dios, amigo! ¿Qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!… ¡Es ÚNICO!”. El hombre, evidentemente molesto, respondió: “¡Que genio ni que la fregada! Esta es la tercera vez en esta semana que el muy pendejo olvida las llaves ¡Y yo. en el baño!”.

Moraleja: Por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber y tu responsabilidad en el trabajo, a los ojos de un jefe PENDEJO, OJETE Y CABRÓN, siempre estarás por debajo de lo que él cree que es correcto o de los que él quiere.

Envía este correo a quien creas que trabaje como loco.

PD: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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