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“Fumar es un placer, genial sensual”

La letra del tango es en función a aquellos días de miel y rosas y sobre lo que escribí ayer, de que debe andar uno a las puras vivas porque una bola de gente de lo peor para abajo le deja a uno en cueros sin que se dé uno cuenta, con tan sólo acceder a las claves que ahora debemos traer en la cabeza como si se tratara de una pesadilla marca Dalí.

Publicado 13 julio 2017 el 13 de Julio de 2017

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“FUMAR ES UN PLACER, GENIAL SENSUAL…”
Parte de la letra del tango “Fumando espero”, que tan bien le salía a Sarita Montiel (aclaro de que yo era apenas un niño cuando estuvo de moda, pero siempre me gustó observar a mis mayores y ese tango estuvo muy popularizado). Hoy incluso se lo escucho luego cantar a mi gran amiga Elenita Saiz Calderón, a la que le mando besos y abrazos muchos, anda media ponchada de un remo ¡Alíviate Elenita!).

¡HASTA FUMAR ERA BIEN PADRE!
La letra del tango es en función a aquellos días de miel y rosas y sobre lo que escribí ayer, de que debe andar uno a las puras vivas porque una bola de gente de lo peor para abajo le deja a uno en cueros sin que se dé uno cuenta, con tan sólo acceder a las claves que ahora debemos traer en la cabeza como si se tratara de una pesadilla marca Dalí.

¡IR AL BANCO ERA UNA EXQUISITA ROMERÍA! ¡SALUDÁBAMOS HASTA A CHABELITA!
¿Se acuerdan cuando aquellas campañas para el ahorro en los bancos en los sesentas, para con un peso se podía abrir una cuenta (¡Híjole, cuánto valía nuestra moneda!)? Había una muy buena competencia entre los bancos. Recuerdo aquellas alcancías que regalaban en la otrora Banca Serfín, todos los muñecos que utilizaban en sus comerciales. Era bien padre ir al banco. Me acuerdo de “Chabelita” a la entrada de Banamex en Independencia y Juárez, siempre con una taza pidiendo limosna, sonriente cada vez que alguien le daba una moneda y de ahí comenzaba a echar madres para arriba y madres para abajo y diciendo que a ella su marido la había agarrado señorita ¿Se acuerdan? Luego Bancomer, atravesando Juárez ¡La inmensidad de la zona de cajas! Los mostradores de mampostería a ambos lados y hasta el final se veía la gran bóveda con una reja y detrás de ésta, fajos de billetes. Se supone ahí estaba todo lo que se guardaba en el banco. Creo nada más había un policía a la entrada y ni quien se atreviera a subir la amplia escalinata que llevaba a la bóveda.

¡UN AGASAJO IR AL BANCO!
Creo se llamaba Financiera Aceptaciones y estaba primero en Mario Molina, entre J.J. Herrera e Independencia, luego se cambiaron al entonces moderno edificio de Independencia y Juárez (la esquina de los bancos ¿Recuerdan?), pero ahí en Mario Molina conocía a casi todas las ejecutivas que a diferencia de los bancos, no estaban detrás de ningún mostrador, sino de escritorios individuales ¡Qué guapas todas y cuán amables! Enfrente estaba el banco Serfín. Y en todos los bancos había puras muchachas guapas, muy bien arregladas y muy amables.  No es que ahora no estén guapas o arregladas, pero sucede que a cómo han cambiado las cosas por cuestiones de seguridad, hoy sólo logra ver uno la cara de la cajera a través de un cristal blindado, antes hasta se podía platicar plácidamente con las jóvenes cajeras y todas muy virtuosas, muchachas muy educadas ¡Gusto daba ir al banco! ¡Tampoco había cámaras de seguridad! No existían o estaban muy caras, pero de todas formas nadie robaba los bancos. Como tampoco había esos estorbosos carros blindados de seguridad obstruyendo las calles en doble fila, como tampoco los empleados de seguridad con armas de alto poder y cara de pocos amigos, que hoy hasta ganas dan de salirse del banco cuando entran con actitud amenazante cargados de bolsas conteniendo dinero. No me quiero imaginar si se llegara a armar la pelotera y quedar en calidad de “daño colateral” ¡Qué espanto!

COMPARADO CON EL PRESENTE, AQUELLO ERA UN DOMINGO MAÑANERO
Era plácido todo, como dice esa canción gringa de: “Suave como una mañana de domingo…” (Easy like sunday morning). Tampoco quiero decir que todo era felicidad y alegría ¡Para nada! Hubo sus bemoles, pero era como el aderezo a la rica ensalada ¡Nada comparable con lo que tenemos hoy! Se llevaba uno hasta con el volovanero, hoy hay que desconfiar hasta de la propia sombra.

LA MODERNIZACION Y LA VIOLENCIA LO CAMBIO TODO
Pero, tal como les decía ayer, hoy por computadora se hacen los peores robos y latrocinios, antes no había nada de eso, incluso a los bancos nunca se les caía el sistema porque ¡No había computadoras! Todo era más personalizado y grato, el trato con las empleadas de los bancos era de amigos y hasta se llevaba uno bien con los gerentes ¿A poco no? Pero, en fin, me alegro mucho de haber vivido aquellos tiempos de miel y rosas ¿Verdad que sí? Hoy todavía me encuentro con algunas de aquellas entrañables amigas que conocí en los bancos y nos detenemos a platicar de aquellas añoranzas y hasta de las idas a “Perro Salado”.

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