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Edificio por demás emblemático

La mutilación del inmueble hoy ícono de nuestra ciudad en función a que es toda una referencia para quienes llegan a Veracruz por mar, comenzó cuando se le quita la rampa del lado este.

Publicado 14 julio 2017 el 14 de Julio de 2017

por

Lic. Guillermo Ingram

Platicando de los edificios de los bancos ¡Hasta el del Banco de México en el malecón trae gratos recuerdos de la infancia a muchos abuelos de hoy! Y era muy bonito. Digo era, porque con aquellos espejos de agua que tenía a los lados y los amplios jardines y explanadas, que cuando PEMEX toma posesión del inmueble, estos espacios desaparecen en aras a la expansión de la rueda, los convierten en estacionamientos y con ello se va buena parte de la belleza del conjunto arquitectónico. La mutilación del inmueble hoy ícono de nuestra ciudad en función a que es toda una referencia para quienes llegan a  Veracruz por mar, comenzó cuando se le quita la rampa del lado este.

Hoy, la sede del Banco de México en Juan Pablo II y Adolfo Ruiz Cortines es un edificio sin alma, en donde no se ve nadie, salvo concreto y rejas de acero inoxidable, pareciera deshabitado.

CREO LA IDEA NACE EN LAS TULLERÍAS

Todo lo contrario al que les platico ubicado en pleno malecón ¡Precioso! La estela escultórica en la pared norte ¡Bellísima! Y la estatua del lado sur, que es una alegoría a los pescadores y al mar que da siempre vida, creo fue un fusilaje de una pequeña muy similar a la que describo del otrora Banco de México y que está en el jardín de las Tullerías en mi admirado París, del lado de la acera del Louvre.

¡QUÉ SINGULARES DOMINGOS PASAMOS AHÍ!

Pero como les decía, en las instalaciones del edificio en cuestión, los domingos por la tarde era prácticamente día de fiesta para las familias veracruzanas, sobre todo para los infantes a principios de los sesentas, mi madre por lo regular nos llevaba ahí a que corriéramos y jugáramos en las grandes explanadas, ella se sentaba en una banca de las que ahí había o iba y se instalaba en la que sería la terraza del primer piso que estaba de libre acceso al público y ahí se quedaba a refrescarse con la brisa del mar. En lo que mis hermanas y yo correteábamos todo el lugar y nos encontrábamos con algunos otros amigos y todo corríamos o en su defecto amigos ocasionales que ahí hacíamos, entonces no había ninguna de esas cuestiones que aquejan hoy a los niños en función a la sociabilidad. Otro de los juegos consistía en correr a todo lo largo de la rampa hoy desaparecida, que como les decía en el primer renglón, existía del lado del mar, exactamente igual y con las mismas dimensiones de la que está del lado oeste, y a unos cuantos metros de llegar a la escalinata por la cual se accedía, parar abruptamente para no irnos de trompa hasta la banqueta no sin antes haber rebotado por la escalinata. Esto nunca nos pasó y mi madre sólo acataba a decirnos muy amorosa cuando en la desesperada carrera llegábamos hasta donde ella estaba: “Al primero que se caiga por las escaleras ya saben cómo lo voy a ir a levantar”.

QUE LO RECUPEREN INTEGRALMENTE

Ojalá y alguien tuviera la feliz idea de devolver a este símbolo de nuestra ciudad los grandes espejos de agua y la rampa del lado del mar y permitir de nuevo el acceso a las familias veracruzanas como antaño. Incluso, en el caso de la rampa, si la llegan a construir de nuevo, debería de eliminarle los escalones finales, pues total, ya no hay calle ni automóviles que por ahí circulen (antes por ahí pasaban los vehículos), de manera tal que los niños incluso puedan llegar presurosos hasta el final real de la rampa. Sería divertidísimo.

¡CERO PROTECCIONES!

Recuerdo que no había paredes ni ningún tipo de protección a los lados de las rampas, como tampoco en la zona de las terrazas del primer piso ¡Y nunca se cayó nadie y menos un chamaco! Y miren que cómo corríamos. Se antojaba hacerlo, en serio, todo el entorno era una invitación para casi salir volando (pero nadie voló). Eran grandes espacios, todo era bello y la vista única.

¡QUE PADRE!

Esto se los cuento para que vean o recuerden como era de bonito Veracruz y cuán divertido también lo fue ¡Y no había –gracias a Dios- celulares ni nada por el estilo!, y mi madre, cuando consideraba era tiempo de irnos caminando hasta casa (frente a la Náutica) para cenar, sólo se levantaba y decía un “¡Vámonos!”. Pues aunque no pareciera, no nos perdía de vista a ninguno de nosotros ni nosotros a ella y todavía íbamos inventado juegos sobre la banqueta del bulevar.

Y ahí acababa un muy feliz domingo, porque además de cenar, había que ir a preparar todo para al otro día irnos a la escuela.

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