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¡Ahora resulta que yo soy el anciano!

Pues, no es que mis cuates de generación no sean doctos, lo son, pero, como compartimos muchas experiencias en común

Publicado 29 julio 2017 el 29 de Julio de 2017

por

Lic. Guillermo Ingram

Platicando el otro día con uno de mis hermanos, me dio una respuesta exponiendo un asunto en el que yo no había caído en la cuenta. Pues le informaba a él sobre el deceso de mi gran amigo el Padre Arturo, cuestión que mi hermano también lamentó en función a que el Padre Arturo tuvo incuestionablemente una presencia muy destacada dentro de mi familia, con él se celebraron desde bautizos, primeras comuniones, casamientos y réquiems para algunos familiares, o sea, al igual que con muchas otras familias veracruzanas, el Padre Arturo formó, fue y es parte de la estructura familiar. Pero, doliéndome con mi fraterno le dije: “Fíjate que con el Padre Arturo se fue mi último amigo mayor que yo tenía y hoy me siento solo, porque ya no tengo a quién ocurrir en caso de necesitar consejo o guía”. Casi de inmediato mi hermano me dijo: “Bueno, sucede que ahora tú eres el amigo “viejo” de otras personas”. Lo cual me obligó a soltar una de mis muy discretas carcajadas. Pues realmente es eso lo que ahora ha sucedido, con la partida del Padre Arturo, efectivamente ahora me encuentro ante la disyuntiva de ser el amigo “viejo” o, sencillamente el par de mis otros amigos de generación. No obstante, siempre fue bueno contar con amigos de mayor edad con los que podía platicar y recibir doctas respuestas por parte de ellos.

SON MUY PREPARADOS, PERO ¡TENEMOS CASI LA MISMA EDAD!

Pues, no es que mis cuates de generación no sean doctos, lo son, pero, como compartimos muchas experiencias en común, tanto personales como generacionales, no resulta lo mismo, pues no los veo con la calidad de magisteriales o mentores como veía a mis ya idos amigos mayores. Que dicho sea de paso, todos ellos, así como los de mi misma edad, compartimos y seguimos compartiendo algo en común: ¡El buen humor y la buena disposición para reír de todo! ¡Hasta de nosotros mismos! Lo cual es una excepcional catarsis.

UNO MÁS EN LA RESERVA NACIONAL DE TALENTOS

Y sí, mi hermano me hizo caer en la cuenta de que el tiempo ha pasado y ahora he pasado a formar parte de la gerusia: Gerusia o gerusía: Órgano principal de gobierno de Esparta, integrado por ancianos. O sea, ahora si ya estoy ruco o simplemente ¡He llegado a la línea de fuego! A ese estatus que mi cuate el Dr. Beristáin (por ejemplo, él es mayor que yo ¡Siete meses! Somos generacionalmente ¡Iguales!), define como aquellos que nos encontramos en la etapa de la vida en donde todo, incluida la existencia misma ¡Es ganancia! Porque, dice él, después de los sesenta años nos puede caer también ¡De todo!

LA VIDA Y SUS COMPENSACIONES

No cabe duda, la vida siempre trae compensaciones, me he quedado sin mis sabios amigos mayores (Don Juan Malpica Mimendi y su grupo también de sabios amigos, que incluía al Dr. Lucas Deschamps. Mi profesorazo Valencia; mi analista y cuanto siempre extrañado súper cuaderno de triple raya, el Dr. Alejandro Córdova; y mi guía espiritual y confesor el Padre Arturo y uno que otro que se me puede pasar), pero en cambio tengo a mis contemporáneos, que no serán tan sabios como mis ya finados amigos, pero, la compensación consiste en que son ¡Mulas como ellos solos! Y por andar entre ellos creo algo les he aprendido. Ahí está el ya mencionado Dr. José Luis Beristáin Silva; el Dr. Juan Romero Vera, que podría ser el máximo exponente de la “mulez” del equipo. Incorporado a este grupo en forma destacada el también médico Alberto Altamirano, que muy a la callada tira con jabalina olímpica y su mejor camuflaje es esa actitud casi pía con la que se proyecta, como también el buen amigo (que ya no se ha dejado ver), el galeno José Luis Pérez Viveros; y también al buen amigo el Dr. Abel Salas Foglia y ni qué decir de mi grupo de amigos de la infancia y “jumentud”, en donde gracias a Dios, desde siempre ha existido la solidaridad y un ambiente casi de amistoso canibalismo, en donde el primero en atontarse es la víctima inmediata a ser pasado al balcón.

¡VALE LA PENA VIVIR!

Incuestionablemente, la vida sigue su curso y por fortuna, aunque ya no mayores que yo, sigo contando con excelentes amigos que hacen de esta vida algo muy bueno de seguir disfrutando ¿A poco no es esto muy a todo dar? Aunque ahora ya sea yo oficialmente un ruco hecho y derecho.

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