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Muros, túneles y bunkers, la vida diaria entre Israel y Gaza

El ulular de las alertas antiaéreas y la voz repitiendo una y otra vez “Tzeva Adom, Tzeva Adom, Tzeva Adom”, en el sur de Israel suenan ya con menos frecuencia que hace algunos años, pero los habitantes de los poblados de la zona mantienen su miedo a los militantes de la organización extremista Hamás.

Publicado 22 junio 2017 el 22 de Junio de 2017

por

El Dictamen/Agencias


El ulular de las alertas antiaéreas y la voz repitiendo una y otra vez “Tzeva Adom, Tzeva Adom, Tzeva Adom”, en el sur de Israel suenan ya con menos frecuencia que hace algunos años, pero los habitantes de los poblados de la zona mantienen su miedo a los militantes de la organización extremista Hamás.

Durante 15 años las poblaciones de esta frontera en Medio Oriente han vivido de cerca el conflicto entre el grupo extremista radicado en Gaza y las fuerzas militares israelíes, pero desde hace ocho meses, en algunas regiones, y tres años en otras, los misiles han dejado de caer, ahora el temor es a los túneles que los milicianos de Hamás construyen para llegar a Israel.

Las comunidades y poblaciones de Nevit Haasara, Sderot y Holit se encuentran a menos de un kilómetro de Gaza y a sólo unos metros de bases militares de Hamás.

LA HISTORIA DE HAMÁS

El también llamado Movimiento de Resistencia Islámica, cuyo origen data de los primeros días de la Intifada -levantamiento palestino- de 1987 en contra de la ocupación israelí de los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza.

Desde sus inicios, el grupo islámico ha tenido dos ramas con objetivos distintos: por un lado, está la facción militar de las Brigadas Qassam, encargada de la lucha armada contra el Estado israelí, cuya existencia no es reconocida por la organización islámica; por el otro, está la facción política, que busca construir escuelas y hospitales, y ayudar a la comunidad palestina en asuntos sociales y religiosos.

LOS TÚNELES

Hamás, que cada tanto mantiene un cruce de misiles con Israel, también utiliza túneles para cruzar la frontera y, según acusa el gobierno israelí, continuar su “campaña de terror” contra los judíos.

“Nuestro miedo son los túneles, que ingresen y salgan por la cancha de fútbol o en el patio de nuestras casas, esas son nuestras pesadillas”, afirma Yehuidit Bar Chai, quien radica en Sderot.

Los judíos aprendieron a lidiar con los misiles y tener en mente una posible invasión de milicianos yihadistas, entre ellos una mujer mexicana llamada Frida Cristal, quien habita el kibutz Holit, una comunidad agrícola.

Cuando era niña, vivía en la calle de Álvaro Obregón, en la Ciudad de México, pero desde hace 47 años vive en esta región donde se casó y ha criado a cinco hijos y ocho nietos.

“Amo los colores y sabores de México, le tengo mucho cariño pero yo soy ya de aquí”, dice y asegura que ya no tiene la edad para empezar de nuevo.

Al igual que Frida, los lugareños están de alguna forma entrenados para refugiarse en sólo 15 segundos en los búnkers públicos y en los de sus viviendas; mientras los enormes muros de concreto, alambradas eléctricas y la constante presencia del ejercicio israelí resguardan la frontera.

VIVIR BAJO FUEGO

Tan sólo 300 metros dividen los campamentos de las Brigadas Qassam -brazo armado de Hamás- del pequeño poblado de Nevit Haasara, al sur de Israel, cuyos habitantes tienen segundos para refugiarse ante cualquier ataque de misiles al oír las señales de alarma, parecidas a las de la alerta sísmica en la capital de México.

Dos enormes muros de concreto separan a la ciudad de Gaza y a Nevit Haasara, un conjunto habitacional de entre 800 y mil personas, quienes tienen todos los servicios, comunicación y viviendas bastante dignas.

“¿Por qué vivir aquí?, no es que uno insista en dónde vivir, tienes que pensar que la gente que vive acá la sacaron del Sinaí porque era una zona ocupada y comenzaron desde cero y acá estaban los padres y abuelos”, explica Susy Strasberg, judía de origen argentino residente del lugar.

Fue en 1973 cuando nació el asentamiento de Nevit Haasara, que significa El Camino de los Diez, en honor a soldados que se estrellaron en la zona; los residentes vivían en territorios ocupados devueltos a Egipto, por lo cual fueron reubicados en el sur.

Con cinco búnkers públicos en parques y cerca de escuelas y con cuartos de concreto en las viviendas (por ley debe haber refugios en casas particulares), los productores de la región aguantaron durante años el envío de obuses, pero desde hace tres, ninguno ha sido lanzado a su región.

“La cuestión no es dónde estamos nosotros, la cuestión es lo que ellos (Hamás) quieren: que no vivamos aquí y desaparecer Israel, entonces a dónde me llevo mis valijas”, afirma la mujer que muestra preocupación por los túneles que el ejército israelí ha detectado y destruido.

“Con misiles te avisan (alto parlantes e incluso por mensajes de celular), pero con túneles no se sabe”, dice y admite que ese se ha vuelto su mayor temor en los últimos meses.

Ve con terror la posibilidad de que uno de sus vecinos caiga en manos de Hamás, porque eso representaría que serían utilizados como moneda de cambio: los liberarían sólo por 50, 100 o hasta 250 presos yihadistas, asegura.

Ante la drástica disminución del envío de misiles y obuses a las ciudades y poblaciones del sur de Israel, los habitantes intentan llevar una vida más normal, sin dejar de estar alertas.

Es precisamente en la ciudad de Sderot, con más de 30 mil habitantes, donde se impulsa una estrategia social para recuperar la vida diaria “normal”, pero también para apoyar a las víctimas en el Centro de Trauma para Víctimas del Terror y las Guerras.

Durante 16 años, Sderot ha sido atacada por el mayor número de cohetes y misiles proveniente de Gaza y avisa a sus ciudadanos, desde las bocinas instaladas en la calle que repican Tzeva Adom, que significa “color rojo”.

A pesar de ello es una ciudad moderna, en crecimiento y limpia. Las decenas de búnkers, contrastan con las esculturas del artista Maui Ben Abu, quien recicla los restos de misiles para crear imágenes de músicos, pues de esta ciudad han surgido artistas conocidos en todo Israel.

“Nosotros estamos continuamente limpiando las heridas, se trata de hacer lo posible, de hacer una vida normal, estamos floreciendo”, afirma Yehuidit Bar Chai, integrante del el Centro de Trauma para Víctimas del Terror y las Guerras.

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