Dr. Armando Rojano Uscanga

Consciente de que se avecinan tiempos peores y que para afrontarlos deberá cerrar filas, la Comisión Europea impulsa un Fondo Monetario Europeo (FME), aunque sabe que tendrá que dar una gran batalla política para formar esa nueva institución. Pero es indispensable, pues el euro que ya cumplió la mayoría de edad en 2016, requiere un apoyo de gestión política que rebasa al Banco Central Europeo.

Por eso, el jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker, esbozará su idea de FME este miércoles, en su discurso sobre el Estado de la Unión, con lo que pretende dotar de un presupuesto a la eurozona para invertir en los países en crisis; reducir los riesgos del sector financiero a la vez que se completa la unión bancaria con un fondo de garantía de depósitos y un respaldo fiscal al fondo de resolución de bancos, y empezar el trabajo exploratorio para crear un activo seguro del euro.

El FME rompería las ataduras con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y quitaría a la Comisión Europea la supervisión fiscal, otorgando el control presupuestario a esa nueva institución. Sería la respuesta a Berlín que ha elevado las críticas contra Bruselas la Comisión porque ha politizado las reglas fiscales. El nuevo FME se encargaría de imponer disciplina, sobre todo en los países que pidan ayuda. Alemania, Francia e Italia podrían tener derecho de veto, y Francia quiere añadir un presupuesto de la eurozona fuerte y crear un superministerio del euro.

El FME reordenaría la Unión Económica y Monetaria, terminaría con las políticas presupuestarias nacionales y un conjunto de reglas y sanciones que no convencen. Pero no pueden negar que las amenazas del Brexit y Trump se han convertido en elemento de cohesión, que la UE debe aprovechar para reformar el euro, lo que no pudo hacer solo en BCE.