“A los 4 años probé el alcohol… mi madre, ella me lo dio, ella lo que me daba era la droga, el alcohol… a lo mejor me parecía a mi jefe”

Alba Hernández/ El Dictamen

“Güicho”  tiene 16 años, un joven que sonríe, pero tiene la mirada triste, los recuerdos que tiene de su niñez son a los cuatro años, cuando su madre le daba cerveza y lo maltrataba.

Mientras  nos cuenta se aprieta la cabeza varias veces, como tratando de buscar una justificación y lo único que se le viene a la mente es que quizá su mamá lo rechazaba por parecerse a su padre, o “algún inconveniente que ella tenía”.

Así es como “Güicho”, primero por inducción y luego por evadir la realidad se volvió dependiente del alcohol, “empecé a robar y todo eso, por una droga, por un alcohol… le he hecho daño a otras personas”.

“Encontrar a mi padre, ir a buscarlo, ese es mi sueño nada más”.

Con gran pesar cuenta que lo peor que le ha pasado es perder a su padre de quién hace dos años no sabe nada, y a quién alguna vez llego al punto de agarrarlo a machetazos.

El joven se encuentra en la calle, aunque actualmente vive en AA La Casa del Alfarero, “alguien se acercó a mí y me dijo que necesitaba salir de ese fango…no fue ni mi mamá ni nadie, fue una persona que conocía AA”.

Niños y Adolescentes mexicanos consumen drogas, alcohol y tabaco desde los 12 años de acuerdo a Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol, y Tabaco (ENCODAT) 2016-2017, sin embargo en la ciudad de Veracruz encontramos casos que dan parámetros menos esperanzadores.

 “Con la droga tuve que empezar a prostituirme muchas veces”

“Leslie” tiene 14 años, y desde los 8 inició a consumir alcohol “por amistades” señala, su primera droga, la marihuana, y en el recuento de los daños por su adicción recuerda que pasó por cosas que hasta hoy le son dolorosas, como haber llegado a prostituirse con sus amigos  “solamente por estar drogada o alcoholizada”.

En sus palabras, se había convertido en una “chava ingobernable”, haciendo a un lado a su madre y demás familia, que preocupados y sin saber qué hacer, decidieron anexarla a AA.

Después de lo vivido “Leslie” llegó a pensar que no podría volver a ser la niña que era antes, pero hoy dice darse cuenta es no es tarde y desea retomar la escuela y ser estilista como su madre.

  “Lo más difícil, tu hijo sale, y no sabes si va a llegar vivo o muerto”

 “Socram” tiene 17 años recién cumplidos, sus compañeros en La Casa del Alfarero  le cantan las mañanitas mientras su madre apura en servir alimentos que le llevó y se sientan solos los dos, al tiempo nos habla de él, no solo destaca el cariño con el que lo mira, sino la esperanza y confianza que le tiene.

El joven inició su consumo de cocaína a los 9 años, su mamá se dio cuenta cinco años después, “me dijo lo que estaba consumiendo, me lo mostro (una bolsita) porque yo lo veía extraño, actuaba diferente”.

“Socram” busco un trabajo con su abuelo pero no consiguió dejar las drogas, y cuando intentó agredir a su abuela decidieron ingresarlo a AA ante el temor de que quisiera hacerle daño a su hermano pequeño.

La mujer desea ver a su hijo  “Sano, sin adicciones, estudiando, que se reciba…”.

“888 mil 800 adolescentes mexicanos de 12 a 17 años mencionó haber consumido drogas ilegales alguna vez en la vida” Secretaría de Salud.

El grupo AA “La Casa del Alfarero” en la  ciudad de Veracruz alberga actualmente a 17 menores de edad, donde permanecen internados por tres meses. El lugar  abrió hace poco más de un año y en ese periodo ha recibido a 70 personas que en su mayoría son “anexados” por sus familiares, señala el padrino Nicolás.

En los últimos treinta días les enseñan a elaborar pan, cuando terminan el proceso, si así lo desean, pueden vender el producto y obtener un ingreso económico.

Los jóvenes que salen de AA después de los tres meses y que no tienen un hogar a donde ir, pueden regresar a dormir a “La Casa del Alfarero”, pues “ésta es su casa” dice Nicolás.