Niño herido, adulto infeliz

No hay etapa tan maravillosa, pero a su vez tan vulnerable como la infancia. Y es que un niño, en sus primeras etapas de vida, solo cuenta con un marco de referencia: sus padres.
Aquellos quienes cuidan, guían, cobijan, aprueban o reprueban nuestras acciones, son nuestros padres, y no hay forma de debatir, porque cuando se hace algo que es de su agrado, de inmediato hay una recompensa que genera, por lo regular un bienestar físico y emocional en el niño; por el contrario, cuando se hace algo que va en contra de los ideales de papá y mamá, hay una acción casi inmediata, que genera algún tipo de malestar físico o emocional en el menor, dando la indicación de que eso es incorrecto.

 

No es que exista malicia en los padres, simplemente actúan de acuerdo a como fue su educación.

Las primeras etapas de vida del menor, aunado al vínculo afectivo que tiene para con sus padres, marcará en gran parte el rumbo de su vida y hasta cierto punto, la visión que tiene sobre la misma.

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Y es que, en ocasiones, de adultos podemos comprender los problemas o traumas que se tuvieron en la infancia y darle el soporte racional que dice: “no pasa nada”, “ya sucedió” o “ya lo superé”. Y hoy quiero decirte algo, los traumas podrán ser enterrados, pero jamás olvidados. En algún momento, esos traumas saldrán de las peores formas, ya sea con alteraciones físicas o emocionales, repercutiendo en nuestra salud o en nuestras relaciones interpersonales.

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Los traumas llegaron a ocupar un espacio en el cerebro, y mientras éstos no sean trabajados, en nuestra edad adulta, las situaciones cotidianas o conflictivas, harán que éstas heridas emocionales surjan de manera consciente o inconsciente, como respuesta a las amenazas que están recibiendo.

 

Las heridas emocionales pueden ser nuestras compañeras toda la vida, y podemos escudarnos con frases como: “así soy yo”, “siempre eh sido así” o “así estoy acostumbrado”, para cubrir las carencias o excesos que dieron origen a comportamientos negativos en nuestra edad adulta. Y que, el no hacer consciente lo que estamos viviendo en la actualidad, nos condenará a seguir repitiendo una y otra vez el mismo patrón, la misma conducta, tener la misma actitud.

 

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Hasta que seamos conscientes de nuestra realidad, comprendamos el porqué de nuestras respuestas y trabajemos en ellas, podremos liberarnos de esas cadenas que nos hacen prisioneros de nuestro pasado.

Hoy te presento las cinco heridas infantiles que más duelen en nuestra vida adulta.

1. El rechazo.

Aproximadamente a los 2 años de edad, el niño adquiere la consciencia que es una persona independiente de sus padres, y es aquí, donde surge el primer miedo al rechazo.

En el momento en que el niño comienza a buscar activamente la aceptación de las figuras que son importantes para él, si estas personas le rechazan, se creará una herida emocional difícil de cicatrizar, generando la creencia de que no es suficientemente bueno ni digno de ser amado.
El rechazo en la infancia provoca la descalificación hacia uno mismo y genera una baja autoestima. En la vida adulta, se trata de personas que tienen continuamente miedo a fracasar y que necesitan imperiosamente la aprobación de los demás.

2. El abandono.

Todo niño requiere de otros para conocer y reconocerse, para crecer y hacer, ya que a través de éste reconocimiento, se forma adecuadamente su personalidad.
Cuando los padres siempre han estado ausentes, aunque sea desde el ámbito meramente emocional, ese niño se sentirá sólo, abandonado, no tendrá ese apoyo ni ese soporte cuando él lo requiera.
Las personas que han vivido experiencias de abandono en su infancia, suelen ser inseguras y desarrollan una dependencia emocional, basada en un profundo miedo a que les vuelvan a abandonar.

3. La injusticia.

Los niños, a partir de un año y medio, por lo regular, ya tienen un sentido de la justicia, lo suficientemente desarrollado como para catalogar una situación como desigual o igualitaria. Por tal motivo, al recibir una educación en la que han sido víctimas de injusticias constantes, lastiman profundamente su “yo”, transmitiéndoles la idea de que no son merecedores de la atención de los demás.
En la vida adulta, una persona que sufrió injusticias de niño puede convertirse en una persona insegura o, al contrario, en alguien que tiene una visión pesimista de la vida. Esta persona tendrá problemas para confiar en los demás y establecer relaciones porque, inconscientemente, piensa que todos le tratarán mal.

4. La humillación.

Estudios demuestran que el rechazo y la humillación social, no sólo provocan sufrimiento, sino también, un dolor a nivel físico, ya que esta sensación comparte los mismos circuitos cerebrales que el dolor.
Para un adulto, la humillación social resulta difícil, por lo que para un niño puede ser una herida fatal. De hecho, es probable que aún recuerdes un hecho de tu infancia en el que te sentiste humillado.
Una persona que sufrió constantemente de humillaciones en su infancia, probablemente habrá desarrollando un mecanismo de defensa que lo convierta en un ser tiránico y egoísta, formando coraza para defenderse de humillaciones futuras.

5. La traición.

Se trata de una situación bastante común, ya que muchos padres hacen promesas que luego no cumplen, y una de las cosas que los niños no toleran es justamente eso, la traición, con un dolor mayor, cuando ésta proviene de sus padres.
Por lo anterior, se genera en el niño la idea de que el mundo es un sitio poco fiable. Sin embargo, si no logramos confiar en las personas, nos convertimos en ermitaños, aislados del mundo, que nunca podrán lograr nada y que se sentirán profundamente solos. Estas personas normalmente se comportan de manera fría, intentan construir un muro en sus relaciones interpersonales y no dejan que los demás entren en su intimidad.

Es importante mencionar, que para cada herida es un tratamiento diferente. Que cada persona tiene un trauma de acuerdo a sus vivencias en su infancia, y hasta que no reconozca lo que actualmente está viviendo, seguirá viviendo en ese círculo vicioso de sentirse rechazado, abandonado, humillado, traicionado y en un mundo de injusticias.

Estas heridas emocionales pueden convertirse en trastornos serios, al no ser identificados, aceptados y trabajados a tiempo.

Deja de sufrir por algo que tiene solución.

Psicólogo Mtro. Román Hernández, puedes seguirlo a través de su twitter @psic_romanher
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