Por: Hnos. Pérez de León
La imagen que les traemos el día de hoy, estimados lectores, cortesía de nuestro amigo el licenciado Edilberto Rendón, nos trae a la memoria (de algunos) y al conocimiento reciente (de otros) los albores el emblemático estadio de fútbol veracruzano, inicialmente llamado Estadio Veracruzano y posteriormente, como un justo y modesto homenaje en memoria del mas grande futbolista que ha dado el suelo jarocho, denominado Luis “Pirata” De la Fuente.

Fue producto de la iniciativa del gobierno estatal y apoyado por empresarios locales, tanto en el diseño como en la construcción, lo que dio como resultado una edificación futurista que a pesar de los años y bastando remodelaciones lógicamente necesarias, sigue dando óptimo servicio, para disfrute de los aficionados que cada vez que hay juego, hacen presencia activa en el lugar.

La gráfica se tomó en el año de 1967, cuando en el mes de marzo de ese año se había inaugurado con bombos y platillos el campo futbolero en terrenos ubicados en el municipio de Boca del Río, entonces bajo el gobierno municipal de un Concejo.

En ese tiempo, la zona sur de la ciudad de Veracruz asentada en terrenos ya del municipio boqueño, se constituyó en el lugar idóneo para edificar el estadio de futbol, en atención a la importancia que este deporte siempre ha tenido en el ánimo de los porteños y a los planes de construir alrededor, una especie de villa deportiva, como se fue haciendo en los años subsecuentes, con la construcción de las albercas conocidas como “Leyes de Reforma”, el estadio del beisbol, casa del equipo local y ahora, a raíz de la celebración en el estadio de los juegos centroamericanos, con el establecimiento de sedes de diferentes deportes, como los de piso y raqueta. No cabe duda que el estadio de futbol, al que algunos optimistas llaman el “coloso del Virginia”, en alusión al fraccionamiento donde se encuentra, es mucho mas que únicamente un estadio, es el símbolo del futbol veracruzano,  que va irremediablemente unido al equipo de este deporte al cual le sirve de casa, los Tiburones Rojos. Equipo que es parte  de la sangre roja que corre por las venas de los porteños y que le siguen, en las buenas y en las malas.