Tres amigos viajan a Australia con la intención de grabar un vídeo buceando entre tiburones, que les sirva como audición para un concurso de actividades extremas. Pero algo sale terriblemente mal, y la grabación se convierte en un estremecedor diario de supervivencia… y de muerte.

 

Mario E. Durán/El Dictamen

Señoras y señores, aquí tenemos un claro ejemplo de los bautizos mortales que le realizan a varias cintas que se estrenan en México, lo cual genera siempre confusión; y el caso en específico de esta es que se trata de la tercera parte de una saga, de las cuales solo la primera se estrenó hace años en nuestro país, por lo que se vieron en la necesidad de cambiarle el nombre dada su distribución que tendrá por cartelera, siendo “Terror profundo” el titulo seleccionado, recordándonos a otra cinta de hace años.

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La primera media hora tenemos la clásica introducción de los personajes, dos amigos y una chica, de quienes conocemos su vida previo a la aventura que vivirán al nadar con tiburones, no contando con una tempestad que los obligará a vivir la peor situación que jamás imaginaron, eso sumado a los problemas de traición del que son parte los dos amigos al estar enamorados de la misma chica atractiva, a la que uno de ellos le quiere proponer matrimonio.

Filmada con la ya muy gastada “cámara en mano”, esta especie de documental, que supuestamente fue encontrado, maneja movimientos visuales que son su fuerte, generando angustia cortesía el sonido y las imágenes desesperantes por la que pasan los tres amigos quienes son asechados por temibles tiburones; además las muertes a mi gusto están bien logradas.

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Por cuestión de lógica, el final es totalmente predecible, pero al menos funciona como cinta palomera de fin de semana.