Lic. Guillermo Ingram

Apelé a este título en la presente “calumnia” para motivar a uno que otro beato de esos que me tunden cuando digo santo y seña de la Santa Madre Iglesia, al considerar que ya me estoy regenerando y volviendo al camino del bien ¡Para Nada!

COMO EN LA PELUQUERÍA, PERO AQUÍ CON UN AMBIENTE DE ALTA CULTURA

Sucede que el otro día estando en la sastrería a donde ¡Va todo Veracruz! : “Manolo” (aquí estamos igual que con la peluquería donde voy ¡Va todo Veracruz también!, con la diferencia de que el maestro Manolo es una bellísima persona, culto y de una plática agradable y muy ágil, todo lo contrario del “asesor de imagen” José Luis, que se sabe la vida de todo Veracruz y el que se le escape le inventa). Por cierto, fue el cumple de Pepe Luis, llegó a la feliz edad de 85 años, lo cual convierte el ejercicio de su profesión en una actividad de muy alto riesgo, pues hay el peligro latente de que alguno de los que ahí acudimos a peluquearnos terminemos como Vincent Van Gogh –ni pintores y mucho menos suicidados pero eso sí, sin una oreja y hasta sin las dos-. Discusión que dejamos para después. ¡Ah!, pero él se siente todo un jovenazo pues a tan temeraria edad sigue jugando futbol. Claro, no falta el piadoso compañero que lleve oculto por ahí un tanque de oxígeno por si las moscas.

REGRESANDO CON EL BUEN AMIGO DEL MAESTRO MANOLO

En la sastrería coincidí con el profesor Santos, hermano de mis también grandes amigos Alberto y Miguel, ambos de apellidos Santos Luis. Lamentablemente Miguel ya falleció hace como dos años. Pues del apellido paterno de los tres es el título de esta “calumnia”.

Y se las dedico con mucho cariño porque en la plática con el profe y el maestro Manolo, coincidimos que ellos, Miguel y Alberto fueron pioneros e impulsores de la actividad turística y hotelera en nuestro muy querido Veracruz. Pues de las miles de veces que les he platicado que a los 16 años comencé a trabajar en el Hotel Veracruz, cito en el edificio de Independencia y Lerdo, contra esquina del zócalo de la ciudad, ahí conocí a la familia Santos, pues Alberto estaba al cargo de toda la administración del hotel y Miguel (QEPD) en todo lo relacionado con la gastronomía. El inmueble era y creo sigue siendo propiedad de la Lotería Nacional y lo tenían concesionado los hermanos Laureano y Antonio Carús Pando. Oriundos de la madre patria, pero, los que llevaban la parte operativa eran Miguel y Alberto.

¡QUE DE VIVENCIA EN EL HOTEL!

¡Qué de historias y anécdotas en ese hotel! Que en su momento me hicieran ver mi suerte, pero en donde, como correspondía a mi edad, forjé carácter y hoy, ese paso por el Hotel Veracruz forma parte fundamental de mis “buenos viejos tiempos” ¡Qué de amigos y gratos compañeros! Hoy me doy cuenta que a pesar de algunas diferencias que llegué a tener con algunos de ellos, fuimos una gran familia.

AMBOS UNOS GRANDES AMIGOS

Por ejemplo, con Miguel ¡Jamás tuve ni un si ni un no! En cambio con Alberto, que siempre ha sido combativo ¡Qué de alegadas nos aventamos! Incluso (hoy me da realmente alegría y risa al acordarme de tan memorables desencuentros), cuando no llegábamos a razonar, obviamente que en mi calidad de subalterno me debía disciplinar, pero, comenzábamos una etapa en donde nos hablábamos de “usted”.

OAXAQUEÑOS NOTABLES

Creo en una ocasión ya lo mencioné, toda la familia Santos es oriunda de Oaxaca y como buenos oaxaqueños son trabajadores, leales, honestos y muy buenos amigos. Pero, Miguel y Alberto hicieron toda una escuela de servicios turísticos en el Hotel Veracruz, que para cuando se debió entregar el inmueble pues se venció el contrato, ellos recibieron toda una serie de ofertas para irse a otros sitios del país, como el entonces naciente Cancún, la hoy “Rivera Maya” y hasta en ese entonces fabuloso Acapulco. Pero, a todos ellos (pues se incluye al profe), ya estaban enamorados de Veracruz y habían echado raíces al haberse casado y formar sus hoy muy bonitas y ejemplares familias y decidieron mejor quedarse aquí y seguirse ocupando de la educación de sus hijos. Lo cual fue una muy sabia decisión, pues hoy los hijos de ellos son unos exitosos profesionales en las ramas del saber que escogieron estudiar.

HICIERON ESCUELA

Y sí, Alberto y Miguel fueron pioneros de la actividad turística en forma aquí en nuestro bello Veracruz y le dedicaron prácticamente toda su vida productiva a tal asignatura, además con gran éxito y formación de personal que hoy, no obstante jubilados la mayoría (entre ellos yo), nos sirvió grandemente el haber estado en esa dinámica de trabajo y aprendizaje que se vivió trabajando con ¡Los Santos!

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